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Para el imaginario, los celos son el foco. Aquel impulso enfermizo que obnubila, que puede conducir a la violencia, a la muerte.

Incluso, al resumir la trama, ese sentimiento parece ser el único que perdura. Otello, general veneciano y gobernador de Chipre, cree que Desdémona, su esposa, lo engaña con el capitán Casio. Mediante la manipulación y la mentira, el enseña del gobernador, Yago, fomenta poco a poco la paranoia de Otello y logra empujarlo a la desmesura. Al asesinato de Desdémona, incriminada con un simple pañuelo.

Sin embargo, la obra de William Shakespeare, convertida en ópera por Giuseppe Verdi y Arrigo Boito, habla más fuerte que esas breves palabras. "En ninguna de esas dos obras se busca que todo se cierre sobre la anécdota de los celos", comenta Pablo Maritano, director escénico de Otello, ópera a presentarse hoy en el Auditorio Adela Reta.

La paranoia, la culpa y la violencia, en cambio, relevan a los celos como el eje principal. "El trauma está ceñido por un pasado violento, por la culpa que significa para Otello haber dejado a los suyos, los moros, para transformarse en un general de los cristianos. Ser asesino de los moros. Entonces, ¿cómo fuga esa violencia? ¿De qué manera funciona el castigo a sí mismo?".

Según Maritano, el predominio de la paranoia convierte a Otello en la ópera más psicologista de Verdi. "Todo ocurre en la cabeza del protagonista". Todas las intrigas, las redes de sospecha, se tejen en su mente. "En ese sentido casi podríamos entender que los demás protagonistas son partes de Otello, son desprendimientos de su psiquis", agrega.

Pese a contar con una Desdémona que padece la locura de su esposo, Maritano no considera que Otello verse sobre la violencia de género en particular. Es una lectura posible, admite, pero "Otello habla sobre la locura, sobre la autodestrucción. Otro tipo de violencia".

Para lograr transmitir el juego de conceptos, la puesta en escena apela a un espacio concéntrico, claustrofóbico, que representa la cabeza misma del personaje. "No tiene una platea infinita, sino que es una platea giratoria que no tiene otra función que la de mostrar. Es como The Globe (el teatro de Shakespeare), que gira sobre sí mismo", señala Maritano.

Ese entramado de motivos se suma a una complejidad técnica desde la música, el montaje y el canto. "Para los tres protagonistas, pero en especial para Otello (Enrique Folger, José Azocar y Carlos Ventre) y Desdémona (Maureen Marambio y Sandra Silvera), es una obra de gran resistencia. Tiene una orquesta enorme, que debe ser atravesada. Se necesitan voces grandes, que no solo tengan capacidades líricas y melódicas, sino que también sean heróicas", señala el director. Sin embargo, el canto no es lo único. "En el caso de Otello, necesitábamos un tenor actor. No alcanza simplemente con cantar, sino que es también el súmmum actoral".

Con 200 personas en escena, incluyendo a la Orquesta Sinfónica y el Coro del Sodre, Otello cuenta con un elenco exclusivamente latinoamericano. "Creo que nos sirve para que podamos ver la posición en la que estamos los latinoamericanos como productores culturales", señala Maritano, identificando no sólo un posicionamiento internacional sino un reconocimiento de las capacidades propias.

Insertos en una puesta psicologista, aunque con vestuario isabelino, los cantantes no se ven anclados a una fecha específica. "No es una obra que precise ninguna aclaración sobre la época. Otello es absolutamente abstracta en ese sentido: la época no es un protagonista, la psicología es un protagonista", comenta Maritano, apelando a la actualidad de la obra. "Llamar la atención sobre alguna época en particular, salvo que uno quiera narrar un evento especial, distraería de los elementos esenciales de la obra. Hoy el pañuelo es el celular, es el historial de internet".


Dos movimientos, una letra

El Auditorio Adela Reta también estrenará hoy el espectáculo de danza contemporánea Maucouvert + Camou: dos coreógrafas, un poeta, que se extenderá hasta el domingo 8 de noviembre. Tomando textos de Mario Benedetti como inspiración y foco, las coreógrafas Annick Maucouvert y María Inés Camou ofrecerán dos propuestas con diferentes elencos y estilos.


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