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La patinada del presidente José Mujica con sus dichos sobre “la vieja” Cristina Fernández y “el tuerto” Néstor Kirchner recuerda otros episodios en los que a presidentes, o aspirantes a serlo, se les fue la boca ante micrófonos abiertos en el momento menos oportuno.

En Uruguay, el episodio más recordado ocurrió durante una entrevista que la agencia internacional Bloomberg le realizó el lunes 2 de junio del 2002 al entonces presidente Jorge Batlle. Refiriéndose a la crisis por la que había atravesado aquel país, Batlle dijo: “... en el 2001 la situación argentina, con los problemas argentinos. ¡Una manga de ladrones, del primero al último! ¿Entiende? (...) Ahora, no compare Argentina con Uruguay, ¿o usted es ignorante?”. Sin que Batlle lo supiera, el periodista lo estaba grabando y la imagen fue difundida ampliamente.
Después de ese episodio, Batlle fue a Argentina a pedirle disculpas al entonces presidente Eduardo Duhalde.

Ayer, consultado por El Observador respecto del episodio de Mujica, dijo, entre carcajadas: “Me estoy riendo tanto que no puedo contestar”, mientras repetía: “Increíble, increíble”. Pero este tipo de incidentes han ocurrido en buena parte del mundo. O por lo menos en aquellos países en los que los políticos están expuestos a las cámaras y los micrófonos
En 2006 durante una reunión del Grupo de los 8 en San Petersburgo, el entonces presidente estadounidense George Bush se despachó sobre los acontecimientos de Medio Oriente sin saber que había un grabador prendido. “Mira, lo que necesitan es que Siria consiga que Hezbollah deje de hacer esta mierda. ¿Qué pasa con Kofi Annan? No me gusta cómo encadena los acontecimientos”, dijo entre otras cosas.

En una cena del G20 realizada en Francia en 2011, el entonces presidente galo, Nicolas Sarkozy, le dijo al de Estados Unidos, Barack Obama, sobre el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu: “Es un mentiroso, no lo soporto”. Obama respondió en el mismo tono: “Tú no lo soportas, pero yo tengo que aguantarlo mucho más a menudo”. Un micrófono abierto amplificó las palabras. En 2010 el premier británico Gordon Brown, que buscaba la reelección, fue abordado por una mujer en un evento televisado. El jerarca respondió con elegancia a la consulta pero cuando entró en su auto dijo que ese encuentro había sido un desastre y preguntó quién era esa “intolerante”. El micrófono estaba prendido y tuvo que pedir perdón.

Famoso por decir improperios, el exprimer ministro italiano Silvio Berlusconi batió su propio récord en 2011 cuando se refirió a la canciller alemana Angela Merkel. Fue en una conversación con un periodista que luego se hizo pública porque dijo que la alemana era una “culona mantecosa”.
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