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Evitar que caigan en el olvido términos como “ababol”, “archiperres”, “chiticalla”, “encocorar”, “siguemepollo” y “zorrocloco” es uno de los objetivos del libro Palabras moribundas, en el que Pilar García Mouton y Álex Grijelmo reunieron un sinfín de términos que están a punto de pasar a mejor vida.

El libro contiene más de 150 entradas y pretende dar “una segunda vida” a ciertos términos cuyo significado ignoran la mayoría de los hispanohablantes y a otros que disfrutan de buena salud en diversas zonas de España o de Hispanoamérica, pero son desconocidos en el resto.

Esta obra “es un pequeño museo de las palabras, pero un museo interactivo porque uno ve las palabras en el libro y sale con ellas”, afirma en una entrevista Grijelmo, periodista y autor de varias obras relacionadas con el lenguaje.

Se trata de “acercar palabras que todos tenemos en la trastienda, propias del lenguaje rural en algunos casos y que empiezan a desprestigiarse porque ya no se utilizan en las ciudades”, añade García Mouton, profesora de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España y especialista en geolingüística ydialectología.

Y es que en la trastienda quedaron arrumbadas hace tiempo voces como “acerico”, en su acepción de “almohada pequeña que se pone sobre las otras grandes de la cama para mayor comodidad”; “alifafes”, en tanto achaques leves; “andancio”, enfermedad epidémica leve; o “siguemepollo”, esa “cinta que como adorno llevaban las mujeres, dejándola pendiente a la espalda”, según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE).

También aparecen términos que trasladarán a muchos lectores a su infancia o juventud, como la “achicoria”, que sustituía al café en la posguerra española, cuando este era un artículo de lujo; la “aljofifa”, palabra que designaba “fregar el suelo” antes de que se inventase el fregón; o “guateque”, esa fiesta que organizaban en su casa los jóvenes, generalmente aprovechando la ausencia de los padres.

Palabras moribundas, editado por Taurus, tiene su antecedente inmediato en el programa de Radio Nacional de España No es un día cualquiera, aunque el libro “es radicalmente distinto”, aclara la filóloga.

En la otra orilla
Hay voces que, si bien están olvidadas en España, en América siguen “muy vivas”. Así sucede con “atarantado”, que en México designa “al que va atontado, al que conduce distraído”; con “borceguí”, que en Argentina se emplea para un tipo de botines que llegan al tobillo; o con “chinela” como sinónimo de calzado cómodo, palabra de uso cotidiano en varios países hispanoamericanos, incluyendo Uruguay.

Vivos siguen también en América el término “frazada” y “palangana”, aunque con acepciones diversas según los países.

Y hay otras palabras cuyo significado es diferente a uno y otro lado del Atlántico, como “pickup”, una voz que en España fue desplazada por “tocadiscos” y que en América “es una furgoneta o camioneta”.

En el Río de la Plata también hay varias palabras en desuso. El Observador consultó a tres escritores uruguayos acerca de cuáles son los términos al borde de la extinción, que ellos se niegan a dejar de utilizar, donde por ejemplo surgió “susidio”, sinónimo de “preocupación”.

Palabras moribundas contiene la historia de cada término, porque eso “contribuye a darles prestigio y a que la gente las vuelva a querer”, indica García Mouton, también autora de El español de América y de Cómo hablan las mujeres, entre otros ensayos.

Así, los que no son de España se enterarán de que “ababol” es sinónimo de amapola (“eres más del campo que los ababoles”, se dice) y de “persona distraída, simple, abobada”, y verán que “archiperres” significa “cosas inútiles” y figurará en la próxima edición del DRAE.

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