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Desde que el martes 21 de noviembre llegó por cuarta vez a Los Aromos como entrenador de Peñarol, Diego Aguirre inició un plan de emergencia para encontrar en cuatro partidos (los últimos del Clausura) las alternativas futbolísticas en el grupo y las vivencias con el plantel aurinegro que le permitieran encauzar el fútbol de su equipo y llevarlo a un lugar seguro.

Para ello, paso a paso, fue reconstruyendo el Peñarol que quería para las finales, sabiendo las dificultades que afrontaría en un equipo que futbolísticamente estaba en devastado y anímicamente en su peor nivel.

En cada entrenamiento, que fueron escasos porque jugó cada tres días, ensayó algo y en el siguiente partido descubrió detalles para llevar a las finales. Esos apuntes los mantuvo en reserva hasta la semifinal.

Lo que no descuidó en ese proceso, y ahí está lo más importante: evitó que el equipo no cayera más en aspectos de funcionamiento básico para que el equipo no se le terminara de desmoronar.

Foto: Leonardo Carreño.

Aguirre pudo recurrir antes de las semifinales a la estrategia que reservó para enfrentar a Liverpool, pero decidió transformarla en su factor sorpresa para generar impacto y desacomodar a su rival el pasado sábado en el Estadio Centenario, como en definitiva sucedió.

En los cuatro partidos con los que cerró el Clausura, Peñarol mostró poco, pero Aguirre se encargó de reducir casi a cero el número de goles recibido. En cuatro partidos le anotaron uno y en los anteriores 11 encuentros del mismo torneo recibió 12.

La Fiera sabía que de esa forma empezaba a ordenar a su equipo.

La sorpresa táctica que presentó en la semifinal, con tres zagueros y cinco volantes (dos carrileros), fue el mayor acierto estratégico del entrenador para contrarrestar el fútbol de Liverpool, que se había transformado en la sensación del campeonato.

Atrás habían quedado el 0-0 Plaza, 1-0 Fénix, 1-1 Racing y 0-0 Wanderers, y sumaba el 1-0 ante Liverpool.

Aguirre había descubierto una fórmula que a Liverpool le generaba mucha incomodidad, y el peso de la camiseta había puesto la definición del Campeonato Uruguayo en un buen lugar para los aurinegros.

La repitió este miércoles en Belvedere y esta vez no solo le generó un problema al equipo de Bava, sino que estuvo más cerca del triunfo hasta que Cepillo González se fue increíblemente expulsado y el juvenil futbolista mirasol pisoteó ese jardín, seco de fútbol y de respuestas anímicas pero lleno de fortalezas a partir de la propuesta del entrenador, que había empezado a ver cómo florecía la ilusión de ver a Peñarol levantando la copa.

Foto: Leonardo Carreño.

En 23 días, Aguirre fue llevando a su equipo, que transita situaciones de extremada fragilidad futbolística, para ponerlo en un lugar estable.

Sin embargo, lo que ocurrió el miércoles terminó de romper el libreto que hasta el miércoles había construido el entrenador con ese olfato que siempre le acompañó y, sobre todo, con el mejor manejo de crisis.

Los equipos que repitió Aguirre y lo que le da cada jugador

En la semifinal y en la primera final, Aguirre repitió el equipo: Guillermo De Amores; Leonardo Coelho, Hernán Menosse y Maximiliano Olivera; Camilo Mayda y Lucas Hernández; Sebastián Rodríguez, Damián García, Ignacio Sosa; Ángel González y Matias Arezo. Y la figura táctica: 1-3-5-2.

Esa línea de tres zagueros fue lo mejor que puso en campo Aguirre, pero también esa propuesta lo ajusta en el resto de su plan y lo limita, aunque en Belvedere encontró los espacios y los errores de Liverpool para transformar al golero Sebastián Britos en la figura del partido.

En la semifinal, Aguirre dilató los cambios ante la posibilidad de afrontar 120 minutos de fútbol, como finalmente ocurrió.

Sin embargo, dio algunas señales sobre las limitaciones que tiene en su plantel, y las que le genera jugar solo después de tres días de recuperación.

- Lucas Hernández jugó el primer tiempo en los dos partidos. Luego fue reemplazado por Valentín Rodríguez en la semifinal y para la primera final recurrió a Matías Aguirregaray ante la ausencia por lesión de Valentín. El sábado regresará el polifuncional jugador zurdo.

- Ignacio Sosa le da entre 45 y 60 minutos. En los dos partidos recurrió a Cristóforo para completar el resto del partido.

- Ángel González le da 60 minutos. En la semifinal mandó a Abel Hernández y en Belvedere a Franco González. En este caso tiene un serio problema el entrenador, porque ya no tiene a Cepillo, suspendido, y Abel con una fragilidad física que lo acompañó toda la temporada, aunque su calidad es insuperable (anotó el gol del triunfo en el Estadio Centenario).

- José Neris es la carta que le está quedando.

Aguirre llegará a la finalísima con 25 días como entrenador de Peñarol, con siete partidos (a un promedio de uno cada tres días y medio), un tiempo excesivamente reducido, en donde la Fiera manejó cada pieza con singular precisión. Sin embargo, en el Campeón del Siglo estará limitado por todos lados, y condicionado por el 0-2 de Belvedere.

Los problemas que le presenta a Peñarol salir de la línea de tres zagueros

Peñarol tiene que salir a ganar, y visto lo que mostró en el final de Belvedere (cuando el equipo quedó en desventaja en el marcador) tendrá serios problemas, porque para ir a buscar el resultado tendrá que llevar más adelante su propuesta y a su equipo, tomar más riesgos, lo que se transforma en un terreno fértil para Liverpool que sabe explotar como pocos equipos ese contexto, incluso cuando Meli no está jugando en el nivel con el que cerró el Clausura.

El primer asunto que debe resolver Aguirre, en este paso a paso de Peñarol, es si sostiene la línea de tres o vuelve a los cuatro defensores, como en el final del partido ante Liverpool.

Por lo expresado por su equipo, necesita sostener la línea de tres con los carrileros para contener lo mejor de Liverpool (el juego por las bandas) y llegar al arco rival con el fútbol que necesita para el gol. Solo así podrá blindarse, y quedó demostrado en el primer tiempo en la primera final que también con ese plan puede llegar al arco de Britos.

El primer tiempo de Peñarol frente a Liverpool de visitante fue muy bueno.

El funcionamiento del primer tiempo contrastó con el de la última media hora cuando recurrió a cuatro defensores, que debilitaron su potencial para brindar mayores seguridades a De Amores.

La línea de tres y los carrileros (Mayada y Lucas Hernández/Valentín Rodríguez) son lo mejor que descubrió Aguirre para maniatar el juego de Liverpool.

El mediocampo traccionará con Damián García como volante central, Seba Rodríguez por derecha y Sosa por izquierda. 

El rol de Sebastián Rodríguez será clave este sábado.

Foto: Leonardo Carreño.

Finalmente, la apuesta de Abel Hernández, a quien Aguirre reservó el miércoles para poner todas las fichas en el goleador, será la carta de triunfo que procura el entrenador para dar vuelta la serie, en la que Liverpool tiene todo para levantar la copa.

En definitiva en los 25 días de Aguirre como entrenador ensayó un plan de emergencia que le dio muy buenos resultados, pero se encontró con el inesperado error de Cepillo González que terminó haciendo implosionar a Peñarol.

De todas formas, el entrenador explicó con sus formaciones, la elección de jugadores y los cambios, que este complejo proceso hasta el título se transita paso a paso y sorteando las adversidades, con el mismo equipo que jugó los partidos ante Liverpool, aunque los pronósticos después del miércoles sean adversos y solo el empuje de un estadio de 40.000 espectadores que se transformará en el jugador 12 de este Peñarol, los goles de Abel, el despertar de Arezo y los aciertos futbolísticos y la suerte de Aguirre podrán hacer posible lo que a esta altura se ve muy difícil, que la copa quede en manos de los aurinegros.

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Peñarol vs Liverpool Campeonato Uruguayo 2023 Diego Aguirre