ver más

En la década del setenta, Armand Mattelart y Ariel Dorfman publicaron el libro Para leer al Pato Donald, título clave de la relectura marxista de la cultura de masas. En él postulaban que los dibujos animados de Disney eran un entrenamiento infantil —y no un entretenimiento— en la transmisión de una ideología capitalista e imperialista. Pero los tiempos parecen haber cambiado, incluso para los seres imaginarios. Ahora es desde sectores afines al partido republicano, en EEUU, que se indica que las películas infantiles están dando un “preocupante” salto hacia la izquierda.

Desde ciertos medios y foros el tema se ha puesto con fuerza sobre el tapete. Uno de los últimos productos de la factoría Disney, Cars 2, ha sido acusado de atentar contra la industria del petróleo, mientras la nueva película Los Muppets —que se estrenará a fin de mes en EEUU— fue criticada por la cadena Fox por tratar de lavarle el cerebro a los niños, al retratar a un exitoso empresario —casualmente también un petrolero— como a un villano.

Sin embargo, las críticas más acérrimas se las ha llevado la cinta de animación Happy Feet 2. El crítico del New York Post, Kyle Smith, calificó a la película como un “Karl Marx para niños” y la tildó de feminista y pro vegetariana. Por su parte, el portal de cine Movieguide, criticó el “ambientalismo radical”del filme, y la promoción de la homosexualidad y de valores “paganos” que se dan en él.

Heroínas marca Disney

De un lado u otro del tablero, las películas e historietas infantiles siempre han estado en el punto de mira de los mayores, conscientes de que la industria cultural en torno a los niños es todo menos inocente.
Así como cómics tipo Capitán América representaban claros signos del propagandismo bélico estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial, Walt Disney era señalado como un ferviente anticomunista. Se dice que incluso colaboró con el FBI en su lucha contra “elementos subversivos”.

Las películas de Disney no solo han sido criticadas por su defensa del american way of life, sino por una perspectiva racial y de género cuestionable. Sin embargo, el cambio parece estar instaurándose lentamente en el mágico mundo del célebre animador.

En 2009 —con un reciente Barack Obama electo como presidente— la película Tiana y el sapo llevó a las pantallas a la primera heroína negra de la historia de la factoría Disney (anteriormente Mulan y Pocahontas habían sido las otras protagonistas no blancas).

Pero Tiana es además unamujer económicamente independiente, lejana a esos estereotipos de mujeres con “complejo de Cenicienta”, cuya máxima aspiración es que un príncipe azul las rescate (La Sirenita, incluso renuncia a sus aletas por el amor de un hombre).

Eso sí, el príncipe de Tiana tiene sangre azul y no es negro, aunque su color de piel sea más oscuro que el de los galanes prototípicos de Disney.

Comunistas y racistas

Otros que han sido señalados por transmitir una ideología comunista son Los Pitufos. Papa Pitufo, el único con gorro frigio rojo, sería el padre ideológico de una comunidad en la que todos sus integrantes son definidos por sus tareas. La ídilica aldea es acechada por Gargamel, undesagradable alquimista con aspecto de monje, pervertido por la avaricia de convertir a los pitufos en oro.

Un clásico que no se salva de las críticas es Tintín, cuyo cómic sobre sus aventuras en El Congo ha sido llevado a juicio en Bélgica. En una de las controvertidas viñetas, Tintín indica «2+2» en una pizarra, ante una clase de nativos incapaces de descifrar el resultado.

Pero acaso una de las máximas expresiones de la filtración de la ideología en los productos culturales dirigidos al público joven e infantil sea la recurrente utilización de la estética nazi en el animé japonés.
Seguí leyendo