Tras dejar una pálida imagen en su debut ante Racing por el Torneo Clausura, el Peñarol de Diego López estuvo lejos de mostrar signos de mejoría ante Atlético Paranaense en su estreno por la Copa Sudamericana, a la que llegó como consuelo tras quedar eliminado como tercero en su grupo de la Copa Libertadores.
El aurinegro mostró alarmantes fallas defensivas y al mismo tiempo fue un equipo con escasas ideas a la hora de hilvanar sus ataques.
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Los primeros 20 minutos del partido fueron un martirio para el carbonero.
El equipo se recostó contra su campo con dos líneas de cuatro bien replegadas y dejó solo en ofensiva al Torito Fernández con el juvenil Darwin Núñez jugando a sus espaldas y moviéndose por todo el frente de ataque.
Atlético Paranaense tuvo terreno y pelota y arrinconó al aurinegro y buscó siempre generar superioridad numérica por afuera.
Lo logró más por el sector defensivo derecho de Peñarol que por el izquierdo donde el oficio de Rodrigo Rojo jugando como volante auxilió bastante a Lucas Hernández.
Pero no tuvo el mismo repliegue Agustín Canobbio por derecha para ayudar a Giovanni González y por ahí empezó a filtrar ataques el Furaçao que generó ocho córners en el primer tiempo, fruto de jugar siempre cerca del arco rival.
Sin embargo, fue Peñarol el que generó la primera ocasión de riesgo. ¿Cómo? A través de un tiro libre muy bien ejecutado por Gonzalo Freitas en el que reaccionó muy bien el golero rival Santos.
Hasta que con centros y pelotas cruzadas, Atlético Paranaense empezó a sacudir la débil estructura defensiva de Peñarol.
En cada centro hubo sensación de zozobra. Y en una jugada inmediata a la ejecución de una pelota quieta, Fabricio Formiliano cometió un claro penal al intentar cubrir las espaldas del argentino Carlos Matheu quien tuvo –otra vez– enormes problemas cada vez que salió a cortar juego.
Kevin Dawson, con una respuesta brillante, le atajó el penal a Raphael Veiga y cuando esa inyección anímica no había contagiado a sus compañeros, a los 14', se mandó otra imponente parada ante un intento de afuera del área de Paulo André.
Cuando la situación se tornaba irresistible creció el rendimiento en el mediocampo del doble 5 Freitas-Pereira y lentamente la tenencia de 59% de Paranaense se fue tornando inofensiva.
En ataque, Fernández comenzó a inquietar en el cuerpo a cuerpo y con su potencia. A los 22' se filtró por izquierda pero remató desviado. Después generó la falta de la segunda amarilla de Wanderson en una acción en la que se escapó Núñez para habilitar a Hernández, cuyo remate de afuera del área fue atajado por Santos.
Peñarol se tonificó en ese cierre y creció como equipo en los primeros 15' del segundo tiempo. Adelantó líneas, propuso y puso, saludablemente, el ojo en el arco rival.
Los dirigidos por Tiago Nunes, en cambio, cambiaron zaguero por delantero para recomponer la estructura defensiva.
Cuando mejor jugaba y tenía el control de las acciones, Peñarol tomó un gol.
Un tanto insólito e inexplicable. A la salida de un córner el golero jugó en largo para Marcelo Cirino y Giovanni González lo acompañó sin afirmarse al ponerle el cuerpo ni intentar despejar el balón. Dawson salió a resolver por sus propios medios y se terminó llevando puesto a su compañero. El 10 rival definió con el arco libre.
Inmediatamente vio segunda amarilla y se fue expulsado el Torito Fernández.
El partido pegó un brusco giro. Porque Paranaense se volvió a adueñar de la pelota y aprovechó los espacios de una defensa inconsistente y falta de confianza.
El recién ingresado Pablo liquidó el pleito a los 79' en una acción donde llegaron a definir tres jugadores solos por el segundo palo.
Peñarol terminó deambulando en la cancha. Sin la pelota, sin ideas, sin firmeza. Y con un pie afuera hasta de la Copa Sudamericana.
La cifra
365 pases intentó Peñarol de los que acertó 272 y falló 62 con una eficacia de 81%. Tuvo una posesión de 45% mientras que su rival intentó 419 pases, 365 buenos y 54 fallados (87% de eficacia). El que más pases intentó en Peñarol fue Giovanni González con 47, de los cuales erró 14.