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En la película inaugural de Happy feet, su protagonista descubre que tiene un don: puede bailar como el mejor y eso lo hace especial dentro de la comunidad de pingüinos en la que vive.

Esta segunda parte plantea un problema generacional: el hijo del pingüino protagonista no quiere seguir la tradición familiar, porque no baila bien. Como muchas de las películas infantiles actuales, el mensaje moral detrás de Happy feet 2 es unidireccional: no importa el talento o la ausencia de él, sino la sinceridad para encarar la vida. Divertida para los niños, en definitiva.
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