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En los últimos dos meses, Kim Jong-un estaba inmerso en una suerte de repliegue táctico, o al menos sus esfuerzos por consolidar la reputación nuclear de su régimen no habían salido a luz.

Pero todo eso cambió radicalmente a partir del miércoles pasado cuando Corea del Norte volvió a agitar la preocupación mundial y, por ende, una catarata de reacciones políticas de los principales líderes, al realizar un nuevo ensayo nuclear, el vigésimo desde el 2016 a la fecha.

Como en otras oportunidades anteriores, Pionyang lanzó esta vez un misil intercontinental del tipo Hwasong-15.

Según la agencia de noticias estatal norcoreana KCNA el proyectil, que posee una pesada ojiva de gran tamaño, puede alcanzar –y afectar– todo el territorio continental de Estados Unidos.

El misil fue disparado cerca de Pionyang y desplazó unos 1.000 kilómetros para caer frente a las costas de Japón, informaron expertos del Pentágono, quienes señalaron que no significó riesgos para EEUU ni para sus aliados.

Pero otros expertos indicaron que su elevada trayectoria sugiere que Corea del Norte podría tener la tecnología adecuada para lanzar un misil de estas características a más de 13.000 kilómetros, lo que coloca a todas las ciudades estadounidenses a su alcance.

Apenas concretó el lanzamiento, Corea del Norte afirmó que consiguió su propósito de convertirse en un estado nuclear, lo que fue tomado como una provocación por distintos países.

Sanciones y amenazas

En ese marco, las reacciones no tardaron en aparecer, sobre todo encabezadas por la administración de Donald Trump –que en los últimos meses se enzarzó en una guerra dialéctica, repleta de advertencias y amenazas, con Kim Jong-un–, quien incluso manejó hasta la posibilidad de destruir ese país.

Pero además EEUU encabezó movimientos para exigir sanciones más duras contra Pionyang. De hecho, en setiembre, el Consejo de Seguridad de la ONU había impuesto límites al suministro de petróleo y productos refinados chinos a Pionyang.

La Agencia de Información Energética de Estados Unidos estimó que Corea del Norte consumió en 2016 unos 15 mil barriles diarios.

Pero el régimen liderado por Kim Jong-un ya fue afectado por otras sanciones económicas, como por ejemplo las que prohíben sus exportaciones de carbón, mineral de hierro y productos del mar.

De esa forma, EEUU impulsó la asfixia de la ya de por sí debilitada economía norcoreana: por ejemplo, China, el principal aliado que tiene Corea del Norte, había importado 22 millones de toneladas de carbón por unos US$ 1.200 millones en 2016. Y eso hoy se terminó.

Pero también se prohibió a ese país exportar sus productos textiles y se limitó el abastecimiento de petróleo.

Esfuerzos

Con ese telón de fondo, la administración Trump encaminó todos sus esfuerzos esta semana para consolidar el apoyo internacional ante la amenaza nuclear de Corea del Norte, mientras Rusia advirtió que las sanciones no dieron el resultado esperado y China evitó referirse a un embargo petrolero, como quiere aplicar Estados Unidos.

Nuevamente con un nivel de máxima tensión, Estados Unidos busca aislar al líder norcoreano, golpear su economía y forzarlo a iniciar negociaciones para suspender su programa de desarrollo de armas nucleares.

Trump fustigó el resultado de las conversaciones de China con Kim Jong-un y dijo que no tuvieron efecto en el "pequeño hombre cohete", al que también calificó como un "cachorro enfermo".

En tanto, en la Casa Blanca se empeñan en aclarar que se está lejos de pretender un cambio de gobierno en Corea del Norte y que solo se apunta a lograr la "desnuclearización" de la península coreana.

En esa línea de pensamiento, el jefe del Pentágono, Jim Mattis, afirmó que Washington realizará esfuerzos diplomáticos "implacables", para resolver la crisis con Corea del Norte.

"Nuestros diplomáticos hablarán desde una posición de fuerza porque contamos con opciones militares", recordó. Pero Rusia, China, otros países y la ONU también criticaron duramente a Pionyang.

El selecto y restringido club de las potencias nucleares

Más del 90% de las reservas mundiales de armas atómicas están en manos de Rusia y Estados Unidos, que forman junto a otros siete países, entre ellos Corea del Norte, un restringido club de potencias nucleares.

De las 15.000 ojivas nucleares registradas en el mundo, unas 4.000 están desplegadas y listas para ser empleadas, según datos de la Federación de Científicos Estadounidenses.

Hasta ahora, solo EEUU recurrió al arma nuclear, el 6 y 9 de agosto de 1945, en las ciudades japonesas de Hiroshima (140.000 muertos) y Nagasaki (70.000 muertos).

Estos dos bombardeos precipitaron la capitulación de Japón y el fin de la segunda guerra mundial. Firmado en 1968 y vigente desde 1970, el Tratado de No Proliferación Nuclear obliga a los cinco países que oficialmente disponen de la bomba atómica (EEUU, Rusia, Francia, Reino Unido y China) a no transferir tecnología militar nuclear a otros países.

El tratado prohíbe, además, fabricar el arma atómica para los países que no la poseen. Algunos países renunciaron desde entonces a su programa nuclear militar, como Suecia (1968), Suiza (1969), Sudáfrica (1991) y las exrepúblicas de la Unión Soviética.

No obstante, cuatro países la tienen: Pakistán, India, Israel y más recientemente Corea del Norte, que se retiró del acuerdo en 2003.
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