Hay una extraña presencia al pie del cerro Pan de Azúcar. La construcción imita a un castillo con torreones circulares en sus esquinas, iguales a los de un juego de ajedrez. Fue la residencia de Francisco Piria, el “centro de operaciones de su emprendimiento agroindustrial” como prefirió calificarlo el alcalde de Piriápolis, Mario Invernizzi, quien no cree en su leyenda mística. Pero por ahí también se dice que allí tenía su laboratorio y realizaba las iniciaciones de sus discípulos alquimistas.
Piria y un corazón en ruinas
El castillo será rehabilitado para evitar el posible derrumbe de sus torres