En 1998 se solicitó a los trabajadores de los juegos electrónicos del Parque Rodó realizar alguna tarea de pintura en Plaza Mateo. “Pero después quedó así”, suspiró Elbio Benítez, quien lleva 33 años trabajando entre calesitas y autos chocadores. A partir de esa fecha y hasta 2003 se utilizó como restaurante y escenario al aire libre. Allí tocó el ya fallecido Luis Alberto Spinetta y bandas uruguayas que comenzaban su camino a la cima. El resto de la historia se cuenta con varios proyectos truncos –una estación de servicio, otro restaurante, sede de la Comisión de Juventud y de la Fundación Eduardo Mateo– y el deterioro progresivo y la ocupación por parte de indigentes de esa esquina cultural.
Plaza Mateo quiere volver a vivir
IMM desalojó a 20 indigentes y comenzó limpieza del lugar para futuro emprendimiento