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Después del triunfo de las tropas artiguistas en la Batalla de Las Piedras, los orientales se hicieron de valor e impusieron un sitio sobre la ciudad de Montevideo, en aquél 1811 habitada por los españoles. Durante cinco meses los europeos quedaron aislados, sin posibilidad de entrar o salir del territorio y con las vías comerciales bloqueadas. El recuerdo de esta lección de historia es, tal vez, la mejor manera de explicar la situación actual de la franja de Gaza.

El terreno que vuelve a ser noticia a causa de los cohetes que llueven desde allí hacia Israel y en el sentido inverso –con las consiguientes 172 fatalidades del lado palestino– está desde 2007 cerrado por Israel y por lo tanto vulnerable a la pobreza, el desempleo, la escasa actividad económica y el casi nulo cruce de personas.

En realidad, el cerco se instaló de 1993, cuando Israel empezó a regular el ingreso de personas. En el año 2000 los controles se endurecieron, y en 2007 se hicieron todavía más férreos, después de que el grupo islamista Hamas ganara las elecciones y erradicara a la otra facción política palestina, Al Fatah, a que se restringiera a la zona palestina de Cisjordania.

Con el paso del tiempo las restricciones aumentaron y en 2013, por poner un ejemplo, las personas habilitadas para transitar la frontera todos los días eran 200; una cifra ínfima comparadas con las 26.000 que hacían el cruce todos los días en el año 2000.

Algo similar sucede con el trasporte de mercaderías a un lado y otro de la frontera, igualmente controlado por Israel. De acuerdo con datos de la oficina de Naciones Unidas para Asuntos Humanitarios de los territorios Palestinos Ocupados (OCHA), en la primera mitad de 2013 salía de Gaza un camión de mercadería de exportación por día.

“Hasta el año 2007 Gaza tenía una economía productiva que exportaba alrededor de 38 camiones al día a Israel, Cisjordania y al resto del mundo y realizaba importaciones superiores”, comentó a la versión en castellano del Hufftington Post David Viñas, español responsable de Oxfam para la Franja. “Hoy en día, Gaza exporta de media menos de un camión al día. El acceso de productos gazauis a los mercados en Israel y Cisjordania están prohibidos por Israel por presuntas razones de seguridad. El bloqueo israelí ha destruido la economía de Gaza generando una situación humanitaria creada de manera artificial”, agregó.

Estas declaraciones explican, en parte, algunos datos generales del territorio: el 38% de la población vive bajo la línea de pobreza y la tasa de desempleo llega al 34,5 % de la población económicamente activa.

Sin electricidad para producir

Gran parte del problema de Gaza está en la escasa capacidad de producción, que tiene a su vez sus propias causas. En este caso, se trata de las carencias a nivel energético y de los límites territoriales.

En un documento de marzo de 2013, la OCHA advirtió que la zona apenas posee el 46% de la energía necesaria para satisfacer su demanda. En 2006 la Planta Energética de Gaza perdió seis transformadores a causa de un bombardeo de la aviación israelí y el bloqueo y la falta de fondos impiden la importación de repuestos para solucionar esos y otros desperfectos. Tampoco ingresa por la frontera todo el combustible que se requeriría, y así los apagones son cosa común en los territorios ocupados. Según el mismo informe, no es extraño que haya cortes programados de 12 o hasta 16 horas.

“La gente en Gaza se ha acostumbrado a ocho horas de electricidad y ocho horas de apagón. Al día de hoy tenemos de media 12 horas al día sin electricidad. No es difícil imaginar cómo afecta esto a los hospitales, colegios, empresas...”, relató el español, por estos días en su país natal pero regularmente viviendo en Gaza.

La falta de energía lleva a la escasez de producción: 14.000 hectáreas cultivadas están en riesgo de sequía debido a la imposibilidad de usar el 85% de los molinos que necesitan energía para funcionar. Y algo similar ocurre con el agua, que escasea por falta de funcionamiento de las bombas que la tratan. De acuerdo con el mismo organismo internacional, solo un cuarto de los hogares recibe agua potable, aunque no durante todo el día.

También se nota la falta de combustible en el escaso tratamiento que se hace a las aguas residuales. “Cada día en Gaza se tiran al mar 90 metros cúbicos de agua parcialmente tratada o sin tratar, porque el sistema de saneamiento está muy por debajo de las necesidades de la población debido a las consecuencias del bloqueo israelí. Estas aguas residuales producen una gran contaminación. El mar de Gaza huele mal y es de color marrón”, precisó Viñas. El Ministerio de Sanidad palestino declaró que el 50% de las playas de Gaza son insalubres.

El mar, que durante años fue la mayor fuente de riqueza de los habitantes en la zona, es por esta razón un lugar poco rentable y ahora solo quedan un tercio de los 10.000 pescadores que en el año 2000 tenían licencia para trabajar.

Esta vez, a la contaminación del agua se le suman también las limitaciones geográficas, denunciadas sistemáticamente por la ONU. De acuerdo con los Acuerdos de Oslo de 1993, a los gazatíes les quedaba un área de hasta 20 millas náuticas desde la costa. Pero las Fuerzas de Defensa de Israel solo le permiten pescar hasta las seis millas náuticas de la costa, menos de un tercio de lo acordado, por alegadas razones de seguridad.

De acuerdo con la ONU, algo similar sucede con el terreno cultivable. Israel prohíbe a los palestinos estar a menos de 300 metros del límite, y en aquellas zonas vetadas habría cerca de 35% del área total aprovechable para la agricultura en la Franja.

Vías de escape

Con todo, durante algunos años los palestinos tuvieron más oxígeno gracias a su conexión con Egipto, país con el que tenían hasta 1.000 túneles por donde recibían insumos de todo tipo. En mayor medida, por esas vías entraban a la zona varios productos necesarios para la construcción (cemento, barras metálicas y otros insumos que Israel no permite importar de manera legítima) y por eso hace poco más de un año la tasa de desempleo era del 26%. Se sospecha que por esos canales también ingresaron las armas de mayor sofisticación que por estos días demuestran tener los miembros de Hamas.

Pero con el cambio de gobierno en Egipto y la asunción del régimen militar comandado por el general Abdelfatah Al Sisi, los pasajes se bloquearon y la población volvió a quedar aislada. A comienzos de julio la OCHA consideró que había unas 12.000 personas desplazadas a causa de los grandes daños en sus residencias y sin posibilidad de repararlas por falta de materiales.

En virtud de un permiso especial concedido por Israel, unos 800 palestinos con pasaporte extranjero recibieron autorización para dejar el territorio en estos días.

“El bloqueo israelí de Gaza castiga a toda la población de forma colectiva por los actos de unos pocos”.
David Andrés Viñas, Responsable de Oxfam en Gaza

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