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Italia se vio ayer inmersa en la polémica generada en torno a la actitud que mantuvieron los equipos de rescate tras el naufragio este jueves del barco de inmigrantes frente a la isla de Lampedusa y la aplicación, a partir de ahora, de la dura legislación migratoria vigente.

El mal tiempo, con fuertes vientos y que dejó un complicado estado del mar, hizo que los buzos de la Guardia Costera italiana tampoco pudieran este sábado sumergirse en el mar para intentar recuperar los cuerpos de algunos de los más de 200 desaparecidos que se cree que pudieron fallecer en el naufragio.

A la espera de una posible mejoría de las condiciones para este domingo que pueda permitir encontrar nuevos cadáveres, la atención se centró el sábado en los 155 supervivientes del naufragio, que, por el momento, deja un balance de 111 cadáveres recuperados.

Los supervivientes, una vez identificados, serán investigados por la Fiscalía de Agrigento, la cabecera judicial de Sicilia a la que pertenece Lampedusa, por un supuesto delito de inmigración ilegal, un formalismo que se lleva a cabo siempre en estos casos en Italia en aplicación de la legislación vigente.

Desde que entró en vigor la última ley en agosto de 2009, tras su aprobación por parte del Ejecutivo de Silvio Berlusconi, con la Liga Norte en el Ministerio del Interior, Italia cuenta con el delito de inmigración ilegal, que no conlleva penas de cárcel, pero sí multas y una más rápida expulsión de los indocumentados.

Según esta ley, con la que se obliga además a los funcionarios públicos a denunciar a los indocumentados (los médicos y los directores de centros educativos quedan exentos de esa obligación), los inmigrantes que consiguieron sobrevivir, que, en algunos casos, pagaron US$ 500 por la travesía, pueden enfrentarse a multas de hasta € 5.000 euros (unos US$ 6.778).

A esta norma se suma la llamada ley “Bossi-Fini” de 2002, que adquiere ese nombre por sus ministros conservadores promotores y que prevé el delito de complicidad con la inmigración ilegal para quien lleve a Italia a inmigrantes sin permiso de entrada, aplicable a quienes asisten a barcos de indocumentados en apuros.

“Estamos ante un fenómeno migratorio histórico, que no se resuelve agitando el miedo de la gente. Todos los remedios adoptados se han demostrado contraproducentes y fallidos, porque han alimentado un circuito de xenofobia y racismo que no hace honor a nuestro país”, afirmó ayer el ministro de Administraciones Públicas, Giampiero D’Alia, en declaraciones a los medios en Sicilia. Pero el promotor de la ley de 2009, el exministro de Interior y actual presidente de la región de Lombardía, Roberto Maroni, respondió este sábado que espera que no se modifique la norma de 2002, promovida por el entonces líder de su formación, la Liga Norte, Umberto Bossi.

A la cuestión sobre la legislación migratoria italiana se sumó la polémica en torno a la actitud de las fuerzas de rescate en el momento del naufragio del barco, sobre lo que la Fiscalía de Agrigento, en Sicilia, aún no ha abierto ninguna investigación. Un diario local asegura que dos lanchas motoras de la Guardia de Finanzas permanecieron atracadas en el muelle sin ser utilizadas tras producirse la tragedia y el propietario de uno de los pesqueros que acudió al rescate de los inmigrantes criticó la actitud de los agentes y retó a las autoridades a que le apliquen la ley que penaliza a quien ayuda a indocumentados a llegar a Italia.

“La gente se moría en el agua mientras ellos pensaban en hacer fotografías y videos. Tenían que pensar en sacar a las personas. Nosotros los hacíamos subir de cuatro en cuatro. Cuando mi barco estaba lleno de inmigrantes y pedimos a los agentes que los subieran a bordo, decían que no era posible, que tenían que respetar el protocolo”, afirmó ayer Vito Fiorino a los medios italianos. Pero la Capitanía de Puerto inmediatamente respondió, asegurando que llegó al lugar de la tragedia solo 20 minutos después de recibir la señal de alerta por radio y que salvó muchas vidas.

Este sábado cinco barcos pesqueros homenajearon a los muertos depositando una corona de flores en el lugar en el que yace hundido el barco, a media milla de Lampedusa.
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