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Un autodenominado “chino-criollo” de 41 años resumió este martes en un castellano chapuceado lo que, a su entender, se vive en la Ciudad Vieja pero también en todo el país: “¿Pol qué tan poca gente y pol qué tanto relajo?”, preguntó. Poco antes, un grupo de vecinos y comerciantes del casco histórico de Montevideo habían narrado ante el jefe de Policía de Montevideo, Diego Fernández, y de autoridades de la Seccional 1ª, un rosario de anécdotas que pintaron a esa zona de la capital como un Bronx en pequeña escala y en sus peores épocas. Dijeron que allí los jóvenes se pudren la cabeza consumiendo pasta base que consiguen en bocas de venta adonde también va a comprar la Policía; hablaron de funcionarios corruptos; de delincuentes que negocian con los funcionarios y de turistas aterrorizados.

La reunión fue convocada por la Jefatura de Policía en el marco de una serie de encuentros para escuchar las inquietudes de los vecinos de Montevideo. Pero buena parte de las personas que participaron del encuentro en el Club Uruguay de la plaza Matriz dijeron haber llegado hasta allí con miedo y se lamentaron de que hubiera cámaras de los medios de comunicación filmando sus caras. “Después nos identifican y ahí sí que la quedamos”, dijo una mujer de la calle Pérez Castellano.
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Al inicio y al final de la reunión, el jefe de Policía dijo que no llegaba hasta allí para hacer promesas sino para saber de primera mano lo que está pasando en la capital en materia de seguridad pública. “Se terminó el tiempo de los diagnósticos. Ahora hay que empezar a ocuparse”, afirmó. Y se dispuso a escuchar a los vecinos. Allí se vino la catarata de historias terribles.

Ramón recordó los viejos tiempos en los que la Ciudad Vieja era asolada por “el negro Oro” y “el Pochito”, quienes vivían en la calle Maciel en una casa que todos conocían como “la cueva de Alí Babá” porque allí se juntaban todos los ladrones.

“Ahora está peor. Llegaron otros chorros y todos los conocemos. Pero yo no se lo cuento a los policías de la 1ª porque no les tengo confianza. Si les doy datos sobre un delincuente, 10 minutos después ese delincuente sabe todo”, aseguró.

“Uno llama y le responden que no hay patrulleros. Nosotros sabemos quiénes son los ladrones ¿cómo puede ser que ustedes no lo sepan? O nos dicen que saben quiénes son pero que no pueden hacer nada”, se quejó una vecina veterana. Otro participante, en cambio, dijo que los ladrones se preocupan mayormente por robarles a turistas que andan por la zona. “Es lo que yo llamo el antiimperialismo chorro”, precisó.

Por su parte, una señora ironizó acerca de que nunca había visto tantos uniformes en una sola noche y agregó: “A los policías se los puede ver en la boca de venta de pasta base y que yo sepa no van a comprar tortas fritas”. “Lo que recomiendo es que cierren la seccional porque tenerla o no tenerla es lo mismo. Y así nos ahorramos plata”, afirmó ganándose uno de los mayores aplausos de la noche.

Un empleado de una casa de cambios propuso “volver a las viejas razzias” y dijo haber visto a “cinco rusos enormes corridos a pedradas por una de las bandas del barrio”.

Una profesora del liceo de la zona habló del azote de la droga y una vecina dijo sentir vergüenza de la Policía aunque su padre trabajó en la institución. “En la primera siempre se habló de corrupción, de que se paga para poder estar ahí”, sostuvo. El jefe de Policía se despidió de los vecinos agradeciendo la información y alertando sobre la pérdida de valores en la sociedad. Y prometió volver a escucharlos antes de fin de año.

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