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La complejidad que puede tener la vida de una persona sorda en su cotidianidad se acrecienta cuando requiere atender su salud. En una emergencia o una consulta con el médico en policlínica, son pocos los que logran hacerse entender entre gestos y mímicas.

“Es como si estuvieras en China y te quisieras atender en un hospital con gente china. Para el sordo es lo mismo. El sordo se acerca a pedir ayuda a un lugar que no entiende su lengua”, explicó a El Observador Elisa Lambiasse, médica de la policlínica Tiraparé.

Si bien en este establecimiento se atienden las mismas áreas que en otras policlínicas (medicina general, psicología y trabajo social), lo que lo hace diferente es que allí los profesionales manejan el lenguaje de señas para poder atender a pacientes sordos.

En total son nueve profesionales –dos psicólogas, una asistente social, una médica, una mediadora y cuatro intérpretes– quienes trabajan desde 2012, cuando la policlínica abrió sus puertas.

“No hay mucha oferta de médicos que sepan hablar lengua de señas. Cuando (los pacientes) vienen y encuentran a un sordo que les habla en lenguaje de señas, ya el impacto y la felicidad de encontrar alguien que los entienda es mucho”, señaló Lambiasse.

En esta policlínica existen dos figuras que no se ven en otros centros asistenciales: la del mediador y la del intérprete. En Tiraparé, el primer puesto es ocupado por Ximena Romero, una joven sorda que maneja el lenguaje de señas desde pequeña.

“Acá en Uruguay el rol del mediador falta, yo lo estoy construyendo. Estoy estudiando profesorado de lengua de señas que es una carrera de tres años, pero de verdad el rol del mediadior sordo en la salud es un rol nuevo”, afirmó Romero.

Su trabajo consiste en ser el nexo entre los profesionales y el paciente en casos en que la persona no maneja el lenguaje de señas. “Una persona sorda que no sabe el lenguaje de señas va al médico y tiene una barrera para poder comunicarse con un intérprete. Puede lograr comunicarse, pero hay veces que es necesario un mediador para ampliar esta comunicación”, indicó.

A su juicio, el hecho de que ella también sea sorda hace que los pacientes se sientan más cómodos interactuando y la comunicación sea más eficiente.

“Una vez tuve una experiencia con una persona sorda que no sabía nada de lenguaje de señas y en esa situación tuve que hacer una mímica para poder realmente entender lo que esta persona quería decir. Hay que ir variando para entender la situación”, explicó.

Para Romero, existen otras dificultades vinculadas a la salud por las cuales tienen que pasar los pacientes sordos a la hora de ser atendidos en hospitales y mutualistas. Por ejemplo, cuando una pareja sorda va a tener un bebé, al momento del parto solo se deja ingresar a un acompañante con la madre. En esa instancia, la mujer debe escoger entre su pareja o un intérprete que logre transmitirle las indicaciones del médico. “Al intérprete no se lo considera un profesional de la salud, como una partera por ejemplo, sino un acompañante, y por lo tanto o ingresa él o ingresa la pareja de la mamá. Lo mismo pasa cuando va a realizarse ecografías”, dijo.

Romero consideró que en estas instancias es “fundamental” la presencia de un intérprete que pueda explicarle al sordo qué debe hacer.

Los pacientes que se encontraban en la policlínica cuando El Observador la visitó dijeron además que ganaron “intimidad” en las consultas, ya que no es necesario que ingresen con familiares para hacerse entender. “Antes tenía que entrar con mi madre y ella no me sabía explicar bien lo que los médicos me decían. Ahora entro solo y me comunico sin problemas”, indicó uno de los pacientes.

Desde que abrió sus puertas, la policlínica atendió a unos 180 usuarios. Por día se agendan unas seis consultas. “Estamos enseñando a los usuarios a que esto no es un centro de urgencias, que ellos tienen que sacar fecha, venir con tiempo(...) Tenemos pacientes que se borraron del sistema privado y se vienen a atender con nosotras”, explicó Lambiasse.

La policlínica comenzó emulando el sistema de atención de algunos centros asistenciales en Francia que trabajan con sordos. Actualmente depende de la Intendencia de Montevideo, ASSE, Ministerio de Desarrollo Social (Mides) y Fenasur (Federación Nacional de Sordos del Uruguay).

“La idea es que en unos 10 años el sordo pueda encontrar personal de la salud que sepa el lenguaje de señas en cualquier policlínica y que también existan profesionales sordos. Mientras tanto, intentamos entusiasmar a otros médicos para que se sumen a esta iniciativa”, concluyó Lambiasse.
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