Lo primero que llega es el vértigo. Una sensación de inestabilidad que sacude al cuerpo y lo deja en estado de falsa levitación. Es un instante etéreo de desconcierto físico; un mecanismo que se activa en el cerebro y produce extrañeza total. Cuando pasa, viene el recuerdo. Y con él, el escalofrío, porque eso que acaba de pasar es sospechosamente familiar. Es algo que ya pasó. ¿Pasó? Sí, o creemos que pasó. La mente, tramposa, nos dice que eso que acabamos de ver/escuchar/sentir ya sucedió en algún momento de nuestra vida. Es un vistazo a algo conocido, una frase que escuchamos y que por alguna razón ya sabíamos que la íbamos a escuchar en ese momento, en ese lugar. Es un vaso que se rompe y que ya sabíamos que se iba a romper. Una ventana que se cierra y que estábamos esperando que se cerrara. Caemos en la cuenta, en ese momento, de que ya sabíamos.
Por qué los déjà vu son la muestra de que tu mente está sana
Es uno de los fenómenos cerebrales más frecuentes, pero sus particularidades y misterios siguen intrigando a científicos y artistas por igual