ver más

Medida en dólares australianos, a través del Indicador de Mercados que promedia el precio de todas las finuras, el precio de la lana en Australia se mantiene estable, de hecho hace dos semanas alcanzó el mayor valor de los últimos seis meses, por encima de los A$ 10,56.

Pero cuando la referencia australiana se convierte a dólares estadounidenses, el precio pasa a ser el más bajo en los últimos cinco años.

De pique, la lana uruguaya enfrenta un problema que podríamos llamar de atraso cambiario. La competencia con Australia es dura y dado que en Europa también se debilita el euro, las ventas a aquel mercado tampoco son fáciles. La persistente devaluación del dólar australiano es el principal factor que está haciendo caer persistentemente al Indicador de Mercados.

Pero la competencia cambiaria australiana es solo uno de los problemas variados que enfrenta el sector lanero.

Una respuesta que muchos productores emprendieron fue la apuesta a la lana de menor finura. A menor micronaje más precio parecía una ecuación simple. Pero no tanto, porque en realidad los australianos emprendieron ese camino mucho antes que Uruguay y con una fuerza tal que en este momento están saturando el mercado. Rabobank ha llamado a esta situación la tormenta perfecta sobre la lana fina.

Una oferta aumentada estructuralmente, año tras año, un euro flojo y una Europa reticente a gastar en prendas caras, entre otros factores, llevan a que el premio por afinar la lana se haya reducido.

Desde diferenciales entre las lanas Merino y Corriedale que fueron del doble y más, actualmente se ha pasado a precios mucho más parejos, en los que la raza más tradicional y mayoritaria de Uruguay logra una mejor defensa a través de la carne y de un precio estable para la lana de finuras en el entorno de 28 micras.

Al mismo tiempo las diferencias de precios entre Merino e Ideal se han estrechado. Mientras los productores de Corriedale que logran un buen acondicionamiento de la lana consiguen desde hace tiempo US$ 3,50 los merinistas retienen la lana esperando un rebote que no se produce.

Los desafíos están a lo largo de toda la cadena. La industria local debe enfrentar la competencia por bajos costos de la del resto del mundo y dado que se trata de una actividad intensiva en mano de obra y en su gran mayoría destinada a la exportación, los costos se han disparado. De esa manera también crece la exportación de lana sucia.

Algunos productores se las han arreglado para vender su lana directamente en China.

En particular buena parte de los mejores lotes de lana Ideal se van directamente a compradores asiáticos.

De este modo la industria local ha dejado de captar lotes grandes, en una actividad en la que lograr homogeneidad en el producto que se recibe es de gran importancia. Esto a su vez ha generado una brecha importante entre el precio que reciben los grandes productores y los chicos.

En el exterior la lana como producto enfrenta otra gama de desafíos. Sobre todo por la competencia con otras fibras.

En particular el algodón tiene un stock mundial en ascenso por cinco años consecutivos que lleva a que el precio se mantenga presionado a la baja.

China acumuló algodón hasta superar largamente sus necesidades. Tiene para más de un año de uso guardado. Y su consumo no crece. El stock mundial de algodón ha subido por cinco años consecutivo. Y en consecuencia los precios del algodón van en baja.

India, principal productor mundial, ha liberalizado sus exportaciones de la mano del nuevo presidente, el reformista Modi.

Por otra parte, las fibras derivadas del petróleo caerán en su valor junto a la materia prima que les da origen, de modo que la competencia solo puede proyectarse muy dura. Tras la decisión de la OPEP de mantener la producción, los precios de fibras como el polyester han caído en paralelo al precio del crudo.

Más allá de los precios relativos, también van cambiando las pautas culturales y los gustos y allí la fibra va perdiendo participación en el vestuario de hombres y mujeres.

La informalidad en la vestimenta Occidental no favorece al uso de lana.

El director de mercados del International Wool Textile Organisation, Chris Wilcox, explicó que la migración a formas de vestimenta más “casuales” o informales sigue afectando la demanda por prendas de lana.

Desde 2012 la caída puede estimarse en torno al 30% en prendas femeninas según Wilcox.

La potencial baja en los precios es limitada porque la oferta de lana es muy limitada a nivel mundial. Según el consejo australiano de materias primas (Abare), el precio en Australia subirá 5% en el año próximo, en la moneda local.

Pero para evaluar el impacto de ese modesto repunte habría que proyectar la trayectoria del dólar australiano, que se ha mostrado muy flexible a la hora de desvalorizarse cuando cae el precio de las materias primas y se fortalece la economía estadounidense.

De modo que bien podría pasar que ese repunte se viera neutralizado por una desvalorización igual o mayor del dólar australiano, un dólar que dos años atrás valía 10% más que el dólar estadounidense y hoy vale casi 20% menos.

Este factor ha sido crítico en las últimas semanas. Una mezcla muy difícil de digerir de petróleo y dólar australiano en baja han llevado a caídas muy fuertes que tienen al Indicador de Mercado en el eje de los US$ 8,50, el precio más bajo desde 2010 y un descenso de 40% respecto a los precios que alcanzó en 2011.

Todo un desafío para un sector históricamente importante, que tiene como recompensa un precio muy firme por la carne ovina, pero que tiene el potencial de agregar valor de una manera muy significativa.

Moda lenta como posible estrategia de valor

Desde la macroeconomía a la agronomía y el marketing las respuestas que se plantean a estos desafíos son variadas y su implementación se va volviendo urgente, porque el stock de ovinos de Uruguay ha alcanzado un punto que revela una grave fragilidad. Desde que se cuentan seriamente los ovinos en el país, nunca hubo tan pocos. En particular es muy baja la cantidad de ovejas y su extracción no se ha detenido.

El movimiento de la “moda lenta” o slow fashion, en el mismo sentido que el slow food, puede ser una vía de valorización para la fibra uruguaya. El cuidado ambiental durante el proceso, la historia que está por detrás del producto, la durabilidad de la prenda y la persistencia, el respeto a todas las personas que están involucradas en la confección de la prenda desde el predio rural hasta el minorista, el balance de carbono del producto, el diseño apropiado a las necesidades humanas son algunos de los aspectos que propone esta línea de trabajo que genera prendas de precio alto para gente que está dispuesta a pagar por algo más que una moda pasajera.

Es posible que una línea de trabajo así rescate a la lana de la competencia con otras fibras? Es posible que de competitividad a países que tienen menor escala y mayores salarios que los fabricantes de Asia?

Así piensa Kate Fletcher, una consultora que ha propuesto este camino para la lana en el mundo desde su sitio www. KateFletcher.com.

Por cierto que en Uruguay son muchos otros los factores necesarios para que el ovino se recupere con su lana incluida. Desde el abigeato a los problemas sanitarios derivados de los años de lluvias intensas, pasando por los depredadores los desafíos son múltiples. Pero parece claro que solo con afinar parece no alcanzar para lograr una propuesta de valor diferenciada.

Seguí leyendo