Prudencia y escepticismo ante lo que pueda pasar en Cuba
No está claro cómo se concretará la apertura con EEUU y entre algunos cubanos hay pesimismo
No resulta fácil encontrar una respuesta a qué pasará en Cuba a partir de ahora. Las voces son muchas y expresan distintos grados de optimismo y temor. En lo que sí coinciden, independientemente de su apoyo o no al anuncio de la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba tras 50 años, es en una misma actitud: la prudencia.
El hecho anunciado el miércoles es indiscutiblemente histórico, aunque más no sea porque refleja la existencia de una conversación telefónica entre los presidentes de dos países que no se hablaban desde hacía 53 años, cuando nació uno de ellos. Al margen de esta verdad quedan una serie de anuncios realizados por Barack Obama que necesitarán tiempo y -en algunos casos el apoyo de un Congreso opositor- para convertirse en realidad. La voluntad de las autoridades cubanas será igualmente determinante para que se concreten medidas tales como la ampliación de las actividades comerciales bilaterales.
En este sentido es que los más entendidos reclaman ante todo prudencia. El escritor cubano Rafael Rojas consideró para El Nuevo Herald, periódico hispano de Miami, que si bien lo anunciado por los mandatarios representa “el fin del diferendo diplomático”, no implica “el fin del conflicto histórico entre Estados Unidos y Cuba”. La normalización de relaciones, consideró, será “muy trabajosa y no carente de retrocesos, ya que deberá enfrentarse a resistencias provenientes de La Habana y de Washington”.
Los más entendidos perciben que todavía falta mucho por aclarar. “Hay que esperar cómo se desenvuelven los acontecimientos. En estos momentos estamos tratando de averiguar cuáles son los nombres de los presos políticos que el gobierno va a excarcelar y bajo cuales condiciones, después podremos tener una opinión”, consideró para el portal 14ymedio la economista y disidente Marta Beatriz Roque.
Ese sitio web es dirigido por la bloguera y disidente Yoani Sánchez, quien consideró que lo anunciado es una oportunidad para crecer hacia una apertura más completa. “Hay que aprovechar esta sinergia que han provocado ambos anuncios para arrancarle una promesa pública, que debería incluir al menos los cuatro puntos de consenso que la sociedad civil ha ido madurando en los últimos meses”. Así se refirió a la liberación de todos los presos políticos y de conciencia, el fin de la represión política, la ratificación de tratados internacionales y su adecuación a las normas locales y el reconocimiento de la sociedad civil. “Arrancarle esos compromisos sería comenzar a desmontar el totalitarismo”, justificó.
En su análisis, algunos académicos son más optimistas que otros. Por ejemplo Jorge Duany, director del Instituto de Investigación de Cuba de la Universidad de Florida, que analizó la situación en un video que divulgó ese centro.
“El embargo por ahora se mantiene pero ahora se reevaluará desde distintas perspectivas. También desde el aspecto humano, pues habrá más contacto entre las personas de Cuba y EEUU”. En efecto, en el mediano plazo habrá algunos cambios tangibles: aumentará la cantidad de estadounidenses que viajen a la isla, llegarán más remesas desde EEUU y se podrá usar tarjeta de crédito y debido en Cuba; quizá en 2015 se concreten algunas pequeñas inversiones.
Se trata de “cambios menores pero importantes” que, a la larga, harán que Cuba pueda comenzar a comercializar con EEUU a pequeña escala, así como con sus subsidiarios.
“Una tragedia para los cubanos”
Pero también son muchas las voces que hablan desde el pesimismo. Algunos, como José Azel, del Instituto de Estudios Cubanos de la Universidad de Miami, consideran que el paso que se dio esta semana es sencillamente una “tragedia” para el pueblo del país caribeño.
“No creo que esto vaya a implicar cambios con respecto a la política ni a la economía del gobierno cubano, no veo que Raúl Castro vaya a hacer algún cambio. No veo ningún beneficio para el pueblo cubano”, declaró por teléfono a El Observador.
A su juicio, las remesas no llegarían a ser más y las inversiones de empresas extranjeras no llegarían a la isla. “Me parece que la imagen de este cambio es mucho mayor de lo que es la realidad”, consideró.
Azel representa la visión de un conglomerado de escépticos que no creen que el gobierno de Castro vaya finalmente a ceder en algo y, por lo tanto, creen que no es buena estrategia ceder en una negociación. Temen, además, que la jugada de Estados Unidos acabe incluso hundiendo a la isla ante su propia soledad.
“Si por arte de magia desaparece el conflicto ideológico entre Cuba y EEUU, Cuba simplemente regresa a ser una insignificante islita caribeña sin ninguna distinción sobre los otros países de la cuenca del Caribe y más nada”. Para este conglomerado, en el que hay muchos exiliados cubanos y republicanos estadounidenses, hasta la batalla ideológica comienza a perderse. “Si esto crece, sería una tragedia para el pueblo cubano. Estamos abandonando la esperanza de la libertad y la democracia”.