ver más

Hace 25 días que la adolescente argentina Lola Chomnalez salió a caminar desde Valizas hacia Aguas Dulces. Desde el martes 30 de diciembre, cuando apareció su cuerpo semienterrado en la arena entre los dos balnearios, han declarado más de 30 personas en el juzgado de Rocha, entre testigos y sospechosos. La Justicia no tiene muchas pistas sobre el crimen, pero el homicida o los homicidas dejaron, aparentemente, un rastro.

Policía Científica determinó que la sangre encontrada en el pareo y la toalla de la víctima, que estaban dentro de la mochila enterrada cerca de su cadáver, pertenecen a una persona que aún no ha sido identificada. Los investigadores apuntan exclusivamente a encontrar al dueño de esa sangre. Las fuentes vinculadas al caso consultadas por El Observador coinciden en que si logran identificarlo, el caso estará casi resuelto. Si no, pasará a engrosar la lista de homicidios sin aclarar. El año pasado, 48% de los crímenes cometidos en Uruguay no fueron aclarados.

Policía Científica coteja por estas horas el ADN encontrado con el de una decena de indagados, entre ellos, el de la madrina de la víctima y su pareja, que recibieron a Lola en Valizas un día antes de su homicidio.

También está cotejando el ADN con el de todos los procesados del país. El Ministerio del Interior cuenta desde 2011 con un banco de datos de huellas genéticas, integrado por el ADN de todos los que han sido procesados desde entonces.

Esa pericia científica puede aclarar el caso incluso muchos años después. A la hora 17.50 del martes 9 de octubre de 2012, un hombre encontró un feto en una volqueta en Montevideo. Tras varios interrogatorios en el barrio, el caso quedó congelado. Pero cada mes, Policía Científica cotejaba el ADN de los dos fetos encontrados en la volqueta (junto a uno, había otro) y el de otros bebés y fetos encontrados en volquetas con el banco de datos de los procesados. Dos años después de que aparecieran los dos fetos, la pericia dio positiva: el ADN de una mujer procesada con prisión por narcotráfico el 14 de febrero de 2013 coincidía con el de los bebés. La mujer vivía a cinco cuadras de donde aparecieron los fetos. A pedido de la fiscal Ana Tellechea, la jueza Julia Staricco la procesó con prisión en octubre del año pasado por un delito de aborto.

De la misma manera, el crimen de Lola podrá aclararse dentro de muchos años, a raíz de una pericia de ADN. Ante la falta de otras pistas firmes, la pericia puede servir tanto para inculpar como para descartar la participación de un sospechoso en el crimen.

No hay detenidos
La Justicia obtuvo ayer el ADN de otro indagado. Se trata de un joven de 25 años de Aguas Dulces que generó sospechas a raíz de un incidente con turistas cerca de donde apareció el cuerpo de Lola. Tras algunas confusas declaraciones, la jueza Silvia Urioste dispuso que se le realizara una pericia psiquiátrica. El informe de la psiquiatra Gisella Díaz, entregado ayer a la jueza tras entrevistar al indagado, sostiene que el joven padece esquizofrenia, pero que está medicado. La pericia no reveló ningún dato que lo vinculara al crimen de Lola, informaron fuentes del caso a El Observador. El joven y su hermano, también indagado, quedaron ayer en libertad.

“No surge del expediente que mis defendidos hayan intentado abusar o asfixiar a alguna mujer. Esa es una versión de la prensa absolutamente errónea sobre mi defendido. No hay ningún indicio en el expediente que sostenga esa versión”, dijo el abogado de ambos hermanos, Felipe González, a El Observador.
Seguí leyendo