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Navegante de alma, hace más de 20 años que está vinculado al Yacht Club, ubicado en el Puerto del Buceo. Aunque no hay antecedentes de deportes náuticos en su familia, a los 21 años comenzó a navegar en barcos de amigos. El concepto que tenía del club es que “era para unos pocos, por un tema de clase social”, pero en 1985 decidió hacerse socio y pudo comprobar que “es un lugar de lo más plural”. El nuevo comodoro del Yacht Club, Sergio Pérez, es parte de la comisión directiva desde hace algunos años. En setiembre de 2012 fue elegido para este cargo –que es honorario– y desde entonces reparte su tiempo entre la familia, sus nuevas tareas y el deporte. Con barco propio, reconoce que desde que asumió tiene menos tiempo para navegar.

¿Por qué considera que lo eligieron como comodoro?

Me considero empático y comunicador. Eso hizo que mi figura en el club haya sido tenida en cuenta por el resto de los colegas para encabezarlos. Soy una persona con proyecciones, planifico y trato de poner metas y cumplirlas.

¿Cuál es el perfil de los socios del club?

Apunta a los enamorados del mar. Si bien viene gente para jugar al tenis, los más atraídos son los que tienen un sentir por la náutica. La gente piensa que es para las clases altas, nada más, pero si bien hay barcos muy onerosos, también hay de los otros. De a poco hemos ido sumando más actividades para contemplar al resto del grupo familiar. Tenemos el mejor equipo de hockey del país, canchas de fútbol, seis canchas de tenis, un gimnasio con sala de musculación; ballet para niños, actividades recreativas para mayores y adultos mayores, actividades sociales; un salón que se usa para reuniones sociales y culturales, y una escuela de vela para niños y adultos.

¿Cómo funciona la guardería para las embarcaciones?

El club tiene la administración del espacio de agua; entonces hay tarifas para socios y para transeúntes y el costo varía según el área ocupada. Un barco promedio de tres metros cuadrados sale unos $ 4.000 mensuales para socios. Actualmente, tenemos unos 350 en la guardería, a los que le damos servicios de luz, agua y embarque.

¿Cómo convive el club con los ejecutivos y empresarios de la zona?

El barco es el psicólogo del mediodía. Todo aquel que se puede escapar de la oficina 15 minutos o media hora se viene al amansaloco que es el barco y descarga sus tensiones. Mucha gente lo hace, les gusta darse una vueltita. Hay muchos barcos que son de recreo, no de competición, y, justamente, cumplen esa función: recrear a esas personas que no navegan todos los días del año, sino que lo usan como retiro. Es ese recinto de libertad que les queda por estar metidos en esta urbe de hormigón. Viene mucha gente de la zona y de los emprendimientos nuevos a nuestro restaurante.

¿Hay alguna acción para captar nuevos socios?

Estamos tratando de comunicar un producto nuevo que es el team building, algo que está bastante de moda. Las empresas vienen a navegar con su equipo de gente y ahí se forman equipos para navegar que permiten distinguir todos los roles dentro del grupo. Ya lo hemos hecho con algunas empresas vecinas y otras del World Trade Center. Además, le estamos ofreciendo a algunas empresas que han sido esponsores del club un bautismo, que son varias clases de vela gratuitas para comunicar el deporte, y que prueben si les gusta. Ojalá podamos hacer más socios.

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