Radicales islámicos crecen con el impulso del dinero y el crimen
Controlan refinerías y roban bancos; así compran armas y pagan a mercenarios
En las últimas horas más rebeldes se han unido al grupo radical Estado Islámico (EI), que avanza a toda velocidad conquistando una zona entre Irak y Siria y que proclamó un califato islámico en esa región. Ayer, dos líderes de importantes grupos rebeldes sirios anunciaron su adhesión al bloque, que conforme pasa el tiempo se sigue haciendo del control de grandes zonas territoriales.
El dinero explica en gran medida el vertiginoso avance que ha conseguido el grupo, pues no le faltan medios para ser más eficaces en sus conquistas o para pagar un sueldo a los combatientes que contrata.
Al principio, y al igual que otros conglomerados terroristas, el antes llamado Ejército Islámico de Irak y el Levante (EIIL)se financiaba principalmente con donantes de Kuwait, Catar y otros países del golfo Pérsico. Esa asistencia financiera se mantiene, pero los expertos de EEUU consideran que los radicales no la usan para pagar a sus reclutas, armas y ataques. “La gran mayoría de su dinero proviene de actividades criminales como asaltos a bancos, extorsiones o robos”, declaró a Foreign Policy un funcionario de contraterrorismo de EEUU. Las donaciones del extranjero no son estrictamente imprescindibles.
Es un enigma la cifra total de fondos que maneja el EI y las distintas versiones hablan desde US$ 100 millones hasta US$ 500 millones, en ambos casos en dinero en efectivo proveniente de saqueos, robos a bancos y la explotación petrolera. Porque claro, en sus conquistas los radicales se hicieron con algunas refinerías y las están aprovechando para financiar su avance. Según un informe de abril del Centro Carnegie, las seis refinerías petroleras en manos de los rebeldes sirios les generaban ingresos estimados en US$ 50 millones al mes. Ahora esas plantas están en manos de los nuevos grandes terroristas.
Otra forma de conseguir efectivo son los “impuestos revolucionarios”, que el grupo ya cobraba desde antes de su alzamiento y que le producían ganancias mensuales por cerca de US$ 8 millones.
Finalmente, un modo que tienen los extremistas de hacerse con dinero son las aportaciones de los civiles. A raíz de sus conquistas –amplificadas por la propaganda en las redes sociales– despertaron el ánimo de colaborar y hasta se creó una aplicación de teléfono móvil para ceder fondos a la causa.
Pero aun así las cifras no alcanzan a dimensionar el poder material de los extremistas, pues también cuentan con lo que dejaron los soldados iraquíes en su rendición ante su paso: vehículos blindados provenientes de EEUU, armas y municiones de todo tipo.
El EI consigue avanzar así, pagando salarios a sus combatientes, adquiriendo más y mejor armamento y comprando el apoyo de líderes zonales.
“No sabemos cuánto dinero atesora, pero actualmente es el movimiento que más riqueza acumula. No tiene competidores”, señaló a la BBC el analista Ayman Jawad.
Para Juan Zarate, antiguo consejero del Departamento del Tesoro involucrado en la estrategia de EEUU contra el terrorismo, el panorama que ofrece el EI es el más temible de todos los esperables.
“Es el peor de todos los mundos posibles: financiamiento extranjero proveniente de donantes millonarios de otros países, apoyo oficial de las naciones del golfo Pérsico y la habilidad de conseguir gran cantidad de dinero a nivel local”, consideró para Foreign Policy.
Pero el dinero no es todo
La causa yihadista también logra adhesiones porque se presenta como una alternativa viable al régimen del primer ministro chiita Nuri al Maliki, acusado por beneficiar a los de su etnia y por lo tanto rechazado por los sunitas. Los expertos insisten en que no se puede llamar “terroristas” a todos los que combaten, pues en el grupo hay gran variedad de actores.
Por ejemplo, hay muchos que sí son extremistas que estaban peleando en Siria y que ahora se unen al grupo que crece. Pero otros integrados son antiguos miembros del ejército, exseguidores de Sadam Hussein o incluso civiles sunitas desencantados con el régimen.
“Todas las tribus sunitas se han unido contra el primer ministro Nuri al Maliki. Todos han salido contra la opresión que han estado sufriendo”, declaró hace poco al Daily Telegraph el miembro de la tribu Batta y líder del Ejército Islámico de Irak, Ahmad al Dabash.
“El grupo de combatientes que ha barrido Irak hasta situarse a 60 kilómetros de la capital, Bagdad, no es un grupo yihadista nihilista con miras a un califato islámico. Es un levantamiento más general de grandes grupos de comunidades desapegadas en todo el norte y oeste del país y un producto de años de exclusión social, mala gobernabilidad y corrupción del gobierno iraquí”, indicó la BBC en un reciente informe sobre el financiamiento del grupo extremista. (Con Foreign Policy)