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Las luces regresaron y los impactos de balas desaparecieron. El bar La Bonne Bière fue ayer el primero de los seis establecimientos atacados el 13 de noviembre en París en reabrir sus puertas, tres semanas después de la matanza que dejó 130 muertos.

En la pizarra donde se suele leer el menú del día, un largo mensaje escrito con tiza concluía con estas palabras: "Es el momento de estar juntos, unidos y avanzar para no olvidar".

El bar, en el que murieron cinco personas, "borró los estigmas de esa pesadilla" y decidió reabrir "para hacer revivir el barrio", dijo la encargada, Audrey Bily, durante una rueda de prensa improvisada ante medios del mundo entero. "Queremos enseñarle a los yihadistas que somos más fuertes que ellos", declaró.

La noche de los atentados, un comando abrió fuego contra las terrazas de varios bares y restaurantes de esa zona del este de la capital francesa. Murieron 19 personas en La Belle Équipe, 15 en Le Carillon y Le Petit Cambodge, cinco ante La Bonne Bière y la pizzería vecina Casa Nostra.

Todos se convirtieron en lugares de peregrinaje en el que cientos de personas depositaron miles de ramos de flores, velas, fotos, mensajes de apoyo, banderas francesas, guitarras.

"Hemos realizado algunas obras, pintado las paredes, borrado los estigmas de esa pesadilla. El café La Bonne Bière es un lugar de encuentro, intercambio y participación. Ese es nuestro objetivo hoy", dijo Bily.

Los demás establecimientos atacados el 13 de noviembre siguen cerrados.

Tras los atentados, la desconfianza hacia el islam se expandió por Europa. Aumenta la cantidad de partidarios de medidas radicales contra la yihad pero al mismo tiempo gran parte del mundo musulmán asegura que este terror no representa al verdadero islam.

Según algunos comentaristas, la principal raíz del terrorismo islamista es que esa religión está dividida. "Existe un conflicto interno dentro del islam sobre la dirección de la fe, con una deriva radical que ha enrolado para su causa a miles de combatientes", consideró ante el New York Times Tim Arangonov.

Crisis interna

De "las propias sociedades y Estados de mayoría musulmana (...), sobre todo, es de donde tienen que venir las soluciones integrales a este problema", defiende a su turno Javier Jordán, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Granada.

Según M. Zuhdi Jasser, fundador del American Islamic Forum for Democracy (AIFD), la separación de la religión y la política es la clave de la solución. "La cuestión más importante hoy día para los que creen en la libertad es '¿qué papel debe desempeñar el gobierno, imponiendo determinadas interpretaciones o creencias?'. Si la respuesta es 'ninguno', pues religión y política deberían ir separadas (...), entonces el mundo puede esperar (...) una reforma islámica que actualice la 'sharia' –la ley islámica– y promueva escuelas modernas de pensamiento", afirmó en una entrevista con National Review.

Frente a esta postura se levantan voces como la de Yusuf al-Qaradawi, uno de los líderes de los Hermanos Musulmanes. Al-Qaradawi no apoya la imposición violenta de la ley islámica, pero sí busca la islamización de Occidente. Europa deberá ser islamizada "no por la espada, sino por la predicación", afirmaba hace poco. Los Hermanos Musulmanes creen en una unificación de la humanidad bajo la bandera del islam; para ello, sostienen, no hay otra vía que la de crear un "califato mundial".

Dilema de identidad

Las interpretaciones del Corán más extremas –como el "salafismo"– abogan por un regreso a los tiempos de Mahoma. El jesuita Samir Jalil Samir, gran conocedor del islam, indicó que el mundo islámico "se siente en crisis, y los más radicales han decidido restaurar lo que estaba aconteciendo en el periodo histórico del año 640: una guerra mundial para conquistar Occidente".

En esta misma línea, el historiador Daniel Pipes, presidente del Middle East Forum, explicó en el Washington Times cómo los islamistas más radicales "celebran el periodo medieval, cuando los musulmanes eran los más ricos, avanzados y poderosos, e interpretan el declive musulmán como resultado de la hipocresía y la traición occidentales". En cierto sentido, el Estado Islámico (EI) busca ofrecer una alternativa al "declive" a través de su autoproclamado califato.

Olivier Roy, politólogo especialista en el islam, indicó que en casos como el de París, "no se trata de una radicalización del islam, sino de la islamización del radicalismo". Lo que hace que estos jóvenes sean tan receptivos a las consignas y actitudes pregonadas por el EI no es una adhesión al islam madurada con los años, sino una revuelta personal anterior a su adscripción al yihadismo.
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