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Es comprensible que el PIT-CNT procure mejorar salarios y otras condiciones laborales. Pero nada justifica plantear, como ocurrió ayer en el acto ritual del Día de los Trabajadores de cada 1º de Mayo, exigencias desajustadas a la realidad e ignorar caminos viables para fortalecer el deteriorado mercado del trabajo. Los discursos no solo soslayaron decisiones ya anunciadas por un gobierno apremiado por un gravoso déficit fiscal del 3,5% del Producto Interno Bruto (PIB) y escasez de recursos. El hecho de que estas fragilidades son producto de ineficiencias acumuladas por las tres administraciones frenteamplistas no habilita que la central sindical se vuelque a reclamos imposibles en la situación actual.

Se exigió acelerar la mejora del salario real, que sube año a año desde la crisis de 2002, acompasándolo al crecimiento del PIB del orden del 3%. La demanda ignora que ese aumento se produce mayoritariamente en rubros poco intensivos en mano de obra, lo que le quita relación directa con las remuneraciones de todos los trabajadores. Esa situación se refleja en el incremento del desempleo al 9,3%, con la pérdida de 38 mil puestos de trabajo desde 2014, pese al favorable desempeño global de la economía, temas que la oratoria sindical optó por dejar de lado.

Los reclamos incluyeron, con más vehemencia declamatoria que solidez argumental, más impuestos a las empresas en detrimento de su capacidad de empleo y aumento del gasto público en la venidera Rendición de Cuentas, camino seguro al empeoramiento de un déficit de las cuentas públicas que ya pone en peligro mantener el vital grado inversor. En esta área el ministro de Economía, Danilo Astori, ha descartado que se incremente el gasto, advirtiendo que cualquier asignación adicional de partidas debe ser quitada de otros rubros. Como es habitual en estos actos, los reclamos económicos se mezclaron con pronunciamientos ideológicos y politizados de izquierda, que poco y nada tienen que ver con el campo laboral, así como con ataques al sector empresarial, sin cuyo desarrollo el mejoramiento de los trabajadores es algo imposible.

Todo hubiera tenido más sentido si el PIT-CNT hubiera recordado las advertencias de un miembro más equilibrado de la dirigencia sindical. Richard Read, líder del poderoso sindicato de la bebida, destacó en una reciente conferencia que, además del salario, las negociaciones colectivas deben empezar a considerar la productividad, tema tan mencionado como luego dejado de lado en los Consejos de Salarios. Predijo que el desempleo seguirá creciendo si los trabajadores no se adaptan a los cambios tecnológicos de la época, enfocándose en las nuevas oportunidades de empleos calificados y mejor remunerados. Y fue duro crítico de la dirigencia sindical aferrada a concepciones económicas perimidas, como "el Uruguay de las chimeneas" o "un frigorífico nacional".

El acto central de la fecha cumplió, de todos modos, su habitual cometido ceremonial, combinación de reclamos de mejoras económicas y sociales, pronunciamientos de tono político y proclamas emocionales. Pero aportó poco a las verdaderas necesidades del país, que suponen reconocer que el desarrollo es imposible si la relación entre empresarios y trabajadores se remite a la "lucha de clases" y no a la cooperación propia de la sociedad del conocimiento que está marcando cada vez más el siglo XXI.
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