Un rápido apretón del cinturón y luego vuelta a los negocios de siempre. Esa parece ser la estrategia para los próximos meses de la reelecta presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, que está intentando recuperar la confianza de la comunidad empresarial sin sacrificar su agenda de reducción de la pobreza y de asegurar una fuerte presencia del Estado en la economía.
Desde su ajustada victoria del 26 de octubre en segunda vuelta, Rousseff ha alimentado las esperanzas de una actitud más amistosa con los mercados al permitir que el banco central suba las tasas de interés, algo que sorprendió a los inversores y debería ayudar a controlar una inflación que supera el 6,5% anual.
Rousseff intenta ganar confianza de mercados sin sacrificar agenda
La mandataria anunció recortes del gasto y busca evitar baja de calificación