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Un rápido apretón del cinturón y luego vuelta a los negocios de siempre. Esa parece ser la estrategia para los próximos meses de la reelecta presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, que está intentando recuperar la confianza de la comunidad empresarial sin sacrificar su agenda de reducción de la pobreza y de asegurar una fuerte presencia del Estado en la economía.
Desde su ajustada victoria del 26 de octubre en segunda vuelta, Rousseff ha alimentado las esperanzas de una actitud más amistosa con los mercados al permitir que el banco central suba las tasas de interés, algo que sorprendió a los inversores y debería ayudar a controlar una inflación que supera el 6,5% anual.

La prensa local también se ha permeado con informaciones de que Rousseff hará un fuerte recorte del gasto presupuestario y que está buscando un sustituto más amistoso con los mercados para el veterano ministro de Hacienda, Guido Mantega.

Los inversores buscan cualquier signo de cambio tras el primer mandato de Rousseff, que estuvo marcado por un crecimiento económico anual promedio de 2% y el aumento de los déficits presupuestarios, amenazando la calificación crediticia de Brasil.

Los comentarios del jefe de gabinete de Rousseff, Aloizio Mercadante, uno de los posibles candidatos para hacerse con las riendas del Ministerio de Hacienda, fueron una de las señales más recientes de que es probable que las esperanzas de un cambio profundo en las políticas se vean defraudadas.

“No podemos tener un recorte drástico que lleve a la recesión. Tenemos que proteger los trabajos e ingresos de la gente”, dijo. Otros aliados de Rousseff aseguran que es improbable que cualquier cambio que ocurra sea muy profundo o largo. Aseguran que Rousseff hará los gestos necesarios para ganar algo de respiro frente a las agencias calificadoras de riesgo y evitar una rebaja, y después volverá a su gasto agresivo en programas contra la pobreza y de infraestructuras.

“Si debemos tomar algunas medidas duras que implican sacrificios, lo haremos”, afirmó a Reuters el senador Humberto Costa, líder en el Senado del gobernante Partido de los Trabajadores (PT).No obstante, Costa precisó que tales medidas deberían ser “limitadas” y aplicadas solo unos meses, para después ser retiradas.

Los pendientes
Economistas esperan que los recortes de gastos esperados no cubran el déficit fiscal en 2015 y el gobierno se vea instado a subir impuestos, como una contribución sobre bienes manufacturados y un gravamen a la gasolina.

Funcionarios del gobierno no han querido hablar sobre la magnitud de los recortes, o sobre cuándo serán anunciados, pero medios locales han publicado estimaciones que llegan hasta los US$ 20.000 millones.

“El gobierno quiere enviar el mensaje de que está comprometido a reducir la inflación y que hará todo lo posible por reducir la tasa a la meta oficial”, afirmó a Reuters un alto funcionario cercano al círculo interno de Rousseff.

Los inversores están atentos ante cualquier esfuerzo por redefinir el tamaño y magnitud del estatal Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) de Brasil, lo que señalaría que Rousseff es seria respecto a la disciplina fiscal.

No obstante, los analistas prevén que ella se resista por la importancia del banco para impulsar el crecimiento y crear empleos. Los inversores concuerdan en que la mayor señal sobre la dirección que tomará Rousseff en los próximos años será su elección del nuevo ministro de Hacienda. A nivel privado, varios altos funcionarios han dicho que Rousseff debe escoger a un economista del mercado o a un líder empresarial para reconstruir los vínculos con el sector privado.

Aún así, hay pocas señales de que opte por el hombre al favorecen los inversores, el ex jefe del banco central Henrique Meirelles. A Rousseff le gusta microgestionar la política económica y podría preferir a un cercano, el ex viceministro Nelson Barbosa, que fue el arquitecto de su programa de viviendas de bajo costo.

Nombrar a un asesor cercano como Barbosa significaría la continuidad en sus políticas, dijeron funcionarios a Reuters. La elección del respetado Meirelles, que es respaldado por el líder del PT y ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, señalaría que Rousseff está dispuesta a aflojar su férreo control sobre la gestión económica y a optar por políticas más amigables con los mercados.
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