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"No tenemos ningún deseo de alegrarle la vida de Saddam", comentó un responsable estadounidense en respuesta a un periodista de la AFP que le preguntó si el depuesto presidente iraquí ha recibido algún trato de favor con motivo de su cumpleaños.

Saddam, árabe sunita, ha dejado de fascinar a los iraquíes o de suscitar su odio como cuando era dueño y señor del país.

En esta ciudad conservadora y tribal, que el 22 de febrero vio cómo una bomba destruía su emblemática mezquita chiita desatando la violencia confesional en el resto del país, todavía encuentra algunos apoyos.

"No dejan de hablar mientras que el país se gangrena por el desempleo y los asesinatos", agrega, pidiendo el anonimato.

Muchos árabes sunitas, nacidos y crecidos bajo su régimen autoritario, ponen el ejemplo de la seguridad para defender al depuesto dictador y olvidan las violaciones de los derechos humanos más elementales que perpetró durante su reinado absoluto.

"Los ocupantes y sus agentes, entre ellos los nuevos dirigentes, han cometido más masacres en el país que Saddam Hussein", afirma otro habitante de Samarra, un octogenario que también rechaza dar su identidad.

Sus discursos políticos ante el tribunal de Bagdad reflejan a un hombre incapaz de aceptar la realidad de su fracaso, y que sigue considerándose como el presidente legítimo de Irak.

Se espera que el veredicto de este primer juicio a Saddam Hussein se dé a conocer en agosto, aunque todavía le esperan otros procesos por otros crímenes, sobre todo por genocidio por la represión contra los kurdos en los años 1987-1988, conocida por el nombre de Anfal.

(AFP)

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