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En 1901, Sully Prudhomme ganó el primer premio Nobel de Literatura. Por entonces, el poeta francés era conocido y celebrado en todo el mundo. El uruguayo Julio Herrera y Reissig le dedicó un poema, La recepción. Hoy Prudhomme, poeta que en sus mejores momentos no pasa de decorativo, está olvidado y es acto anacrónico mencionar su nombre en círculos literarios exigentes, en los que suele prevalecer el rigor a la hora de hacer juicios. Un poco más adelante en el tiempo, a mediados de la década de 1910, uno de los poetas por entonces de mayor popularidad en el mundo hispano, Iberoamérica y España, era el peruano José Santos Chocano. Hoy está olvidado y su poesía es una antigualla. Ha envejecido mal. ¿Alguien ha leído la novela Harriet and the Piper, de Katherine Norris (1880–1966)? Publicada en 1920, Harriet and the Piper tuvo extraordinario éxito y el mismo año de su publicación fue adaptada al cine. Por muchos años, Norris fue una de las escritoras estadounidenses más leídas, y por cada libro le daban carretillas de dólares. Hoy, la novela y la autora están olvidadas, y ni siquiera los expertos en narrativa popular escriben sobre ellas.  

El paso del tiempo es feroz en todos los aspectos de la vida humana, también en las producciones culturales. Antonio Machado se equivocó, a medias digamos: todo pasa, sí, pero no todo queda. El tiempo no respeta fama ni prestigios al hacer su inapelable balance. Sin embargo, en ocasiones el tiempo es justo y bondadoso cuando interviene en la historia de las producciones culturales. Obras y autores que en su época fueron negados o ninguneados, son rescatados por el río turbulento del tiempo, situándolos en su verdadero pedestal. A otros, en cambio, que conocieron el pedestal, los derriba sin clemencia. Música y literatura son dos realidades en las cuales el tiempo modifica perspectivas, ayudando a reescribir la historia, a leerla a partir de interpretaciones nuevas, en revaluaciones libradas de lo inmediato.  
Desde su establecimiento en 1986, el Rock and Roll Hall of Fame se ha convertido en algo así como el álbum eterno de la música popular de nuestra era, pues, con la ayuda del paso tiempo y de las perspectivas más certeras que este auspicia, destaca aquellas figuras que han conseguido su eternidad definitiva y merecen el respeto permanente. Los nuevos miembros son aceptados en base a varios criterios, siendo uno de ellos la originalidad de su aporte al acervo musical del género conocido como rock and roll, aunque en verdad incluye a todos los demás géneros asociados a la música popular, como country, folk, soul, blues, y pop. Queda claro por consiguiente que la selección de nuevos integrantes no sigue pautas de popularidad inmediata, sino que se basa en una revaloración del artista o grupo de acuerdo al aporte que haya hecho y a los cambios que haya introducido, esto es, la influencia que tuvo en la música posterior. No en vano, ser aceptado en el Rock and Roll Hall of Fame es el mayor reconocimiento que puede obtener un músico, enanizando a todos los premios, incluidos los Grammy.  

Al revisar la lista de los nuevos integrantes elegidos días atrás y que pasaron a ser algo así como piezas de un museo infinito, la primera reflexión al respecto se relaciona con los cambios de perspectiva y opinión que el tiempo impone. Viendo los videos de Photograph (1983), de Def Leppard, y What Have You Done For Me Lately (1986), de Janet Jackson, que en gran medida ayudaron a definir el estilo y la estética de MTV, uno se encuentra con una situación irónica que salta a la vista en medio de los clisés estéticos de aquella época. Cuando ambos artistas gozaban de popularidad y reinaban en la memorable década de 1980, a ningún purista del rock and roll, basado en criterios estrictos y de acuerdo a tendencias de evaluación propias del periodo indicado, se le hubiera cruzado por la cabeza la posibilidad de que Def Leppard y Janet Jackson pudieran algún día estar en la antología de los mejores. Sin embargo, la música de uno como de la otra no solo ha sobrevivido con gracia y sostenimiento las pruebas del tiempo, sino que hoy parece sonar mejor que antes.   

Ahí, en eso tan misterioso que define sin palabras la esencia de una obra artística y sintetiza la poética de su valor estético, su estado de innovación perenne, reside la razón que justifica la entrada de Def Leppard y de Janet Jackson al venerable lugar que los ha recibido. Sobre los otros cinco nuevos miembros del RRHOF, The Zombies, Roxy Music, The Cure, Stevie Nicks, y Radiohead, no puede haber objeciones. Entraron por derecho de conquista. Los asteriscos y notas al pie de página que quieran utilizarse solo están relacionados a los diferentes grados de excelencia que cada uno de ellos ha aportado, convirtiéndolos en islas aparte del gran archipiélago de la música popular.
La de este año, sin dudas, es una de las mejores generaciones en la historia del reconocimiento, que vino a hacer justicia con Roxy Music y The Cure. Hacía tiempo que merecían estar. Además, puso de relieve la vigencia absoluta de la música de The Zombies, como también el lugar obtenido en el panteón de la gloria definitiva por Stevie Nicks, quien junto a Janis Joplin y otras pocas es una de las voces más reconocibles de la historia del rock and roll. La convirtió asimismo en la primera mujer en estar en el Salón como solista, y como integrante de Fleetwood Mac. Radiohead, por su parte, se convirtió en el primer grupo o solista que comenzó a publicar su obra en los años noventa en ser aceptado. A esa década le llegó la hora de la evaluación y Radiohead son los primeros en pasar el examen final.

La presencia de Roxy Music y The Cure en el RRHOF hacía tiempo que era requerida. Pocos grupos como ellos en la historia de la música han tenido tanta permanente vigencia en las décadas siguientes que llegan hasta el presente. Los Beatles de la década de 1980, The Cure se ha empeñado desde sus comienzos en hablar lo más posible sobre la intimidad, y lo han hecho con magnificencia, creando algunas de las mejores canciones de amor de todos los tiempos, acompañadas además, con melodías de las que los músicos actuales no saben cómo crear. Qué difícil es encontrar a un músico de hoy que conozca lo más difícil de alcanzar en música popular, la melodía. Si bien a la hora de hablar del amor las letras de Robert Smith no consiguen el poderío lírico de Leonard Cohen, nunca caen en la cursilería ni en lo obvio. Música por la que no pasaron el sepia y el amarillo, colores que tienen las cartas de amor escritas hace 40 años. El fenomenal aporte innovador de The Cure se constata en un aspecto muy inusual: las melodías son bailables y las letras están siempre a la altura de la inteligencia. Smith llevó a las emociones y al pensamiento a una dimensión de mayor exigencia a partir de lo simple. En sus momentos de plenitud las letras están a la altura de los poemas de amor de Paul Eluard, tal vez el gran poeta moderno en cuanto a profundidad de aquellos sentimientos difíciles de comunicar. Canciones como Pictures of You contienen dosis altas de vida, cuando el espíritu encontró el sitio donde quiere quedarse. 

En cuanto a influencia que tuvo en la música posterior, Roxy Music no le va a la zaga a The Cure, y hasta podría decirse que en los días de hoy tiene inclusive más. Su inconfundible sonido se ha repartido como onda expansiva. En dos de los mejores grupos de rock de la actualidad, Spoon y LCD Soundsystem, se encuentran trazas de Roxy Music. En dos canciones notables de esta década, Can I Sit Next To You y Call the Police, de los dos grupos recién mencionados, está presente el sonido de Roxy Music. Han sido pioneros en varios aspectos, y a raíz de su entrada en el RRHOF habrá en febrero una reedición remasterizada de su primer álbum, Roxy Music, de 1972, que entre otras canciones sublimes contiene la extraordinaria  Re-Make/Re-Model. El sueño de Jim Morrison, respecto a que la música debe abrir puertas en la imaginación, está hecho realidad en la música de Roxy Music, intemporal, innovadora, portadora de emociones que solo el arte cuando alcanza cimas hace detectable.

El espacio por hoy se me acaba y no he podido referirme ni a The Zombies ni a Steve Nicks. Sería una obscena injusticia dedicarle apenas tres o cuatro líneas a ambos. Voy a hacerlo en la semana previa al 29 de marzo próximo, cuando se realice la ceremonia de aceptación en el Barclays Center de Brooklyn, Nueva York, que será trasmitida por HBO.

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