El lunes 13 de enero se celebró en Estados Unidos el Día de Martin Luther King, un líder que marcó un antes y un después en la lucha contra la segregación racial. 

La reivindicación de los derechos humanos de las minorías que infundió el líder contribuyó a que los afroamericanos se abrieran un camino de respeto en la sociedad y llegaran a ocupar cargos importantes en la vida económica, social y cultural estadounidense. 

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El expresidente Barack Obama es el ejemplo reciente más potente.

Martin Luther King no solo defendió los derechos de la gente negra, su labor también lo llevó a oponerse a la guerra y a la lucha contra la pobreza. Así como él, la historia mundial se enriqueció con otros líderes natos, activistas y pensadores humanistas de gran influencia, entre ellos Mahatma Gandhi y Nelson Mandela. 

Sin embargo, así como gran parte de la humanidad fue venciendo los prejuicios, el odio, el rechazo y la discriminación, también en los últimos tiempos se ha vivido un marcado retroceso con el resurgimiento de movimientos radicales, ultranacionalistas, perjudicando la vida de miles de personas en todo el mundo, solo por el hecho de ser “diferentes”.

SARAH SILBIGER / GETTY IMAGES NORTH AMERICA / AFP

El jueves 23 hubo otra conmemoración: el 75 aniversario de la liberación a Auschwitz, en memoria de los millones de personas que fueron víctimas del Holocausto, la mayoría judios, en un momento en que se constata el aumento del antisemitismo. Líderes de varios países se dieron cita esta semana en Jerusalén y reconocieron el resurgimiento de movimientos de intolerancia religiosa y étnica.

¿En qué ha quedado el “I have a dream” (Yo tengo un sueño) tan esperanzador de Martin Luther King, el cual proponía el ideal de una sociedad fundamentada en los valores de igualdad y fraternidad? ¿Qué tanto se tiene en cuenta hoy la advertencia de Gandhi “Ojo por ojo y el mundo quedará ciego”? ¿Qué pasó con “Los valientes no temen perdonar, por el bien de la paz” de Nelson Mandela? ¿Qué tan presentes están las ideas para no repetir los horrores de las guerras?

Últimamente las realidades se han vuelto crudas en términos de racismo, sexismo, migración, segregación, y demás desgracias. Basta recordar los hechos de intolerancia que ocurrieron en 2019. 

¿Qué pasó en 2019?

En Sudáfrica, el presidente elegido en 2018, Cyril Ramaphosa, no tiene que lidiar con el horror del apartheid, sistema que prometía una buena vida solo para los blancos y reprimió brutalmente a la mayoría negra durante décadas, pero sí tiene que enfrentarse a las secuelas político-sociales de ese fenómeno aún hoy, 26 años después de su final en 1994. 

Asimismo, su partido, el Congreso Nacional Africano (ANC), que tanto combatió de frente al apartheid y ganó gran prestigio en el plano de los derechos humanos, tiene varios integrantes que fueron señalados por corrupción, lo que ha enlutado la trayectoria del partido.

En Europa, existe un nuevo impulso del antisemitismo en un contexto de llegada de miles de refugiados a países europeos que no están preparados para recibirlos, lo que ha profundizado las crisis económico-políticas internas y el crecimiento de la extrema derecha en varios gobiernos. 

Por otra parte, la Comisión Europea presentó un estudio sobre los ataques que sufren los judíos en ese continente, donde 9 de cada 10 de ellos afirman que sufren acoso, insultos, asaltos en las calles o destrucción de sus símbolos religiosos. 

El estudio también afirma que 38% de los judíos en Europa se ha planteado emigrar para evitar las reacciones de rechazo y odio que los alcanza. De hecho, solo en Francia, unos 7.000 judíos abandonaron el país y se marcharon a Israel en 2014. Y continuaron haciéndolo en años siguientes.

También se está dando el recrudecimiento del nazismo en Alemania tras la llegada al parlamento del primer partido de extrema derecha Alternativa por Alemania (AfD) en el año 2017. Hasta la canciller Ángela Merkel calificó de lamentable el hecho de que en su país prácticamente no existe ningún comercio judío sin protección policial y que los alemanes se han acostumbrado a ello.

Asimismo, los musulmanes son objeto de gran discriminación en Europa, mucho más que los judíos, y la espiral de violencia se retroalimenta, sobre todo cuando Israel avanza en la construcción de asentamientos en los territorios palestinos. 

De más está decir que los atentados terroristas en Francia aumentaron la indignación y el rechazo popular a los musulmanes y también contra los extranjeros de las más variadas procedencias, etnias y religiones, en una suerte injusta de generalización.

En Francia, viven casi 8 millones de inmigrantes y gran parte de ellos lo hace en barrios multiculturales ante la dificultad de integrarse a la sociedad en su conjunto. 

La xenofobia ha aumentado en París a medida en que se eleva el número de inmigrantes de Argelia, Marruecos y África Subsahariana. La guerra civil en Siria y los conflictos en Sudán y Libia también han sumado otros flujos migratorios. 

Muros, militarización y aislamiento es la respuesta de muchos gobiernos a la migración creciente de los últimos tiempos, tanto en Europa como en Estados Unidos, cuyo gobierno de Donald Trump ha levantado enormes barreras para evitar la llegada especialmente de centroamericanos que intentan ingresar por la frontera sur de México. 

Los analistas afirman que toda forma de discriminación o exclusión refleja las crisis de los sistemas democráticos, de los esfuerzos de la integración social, el quiebre del respeto de los derechos humanos y de la merma de los valores de tolerancia, de la convivencia y del pluralismo.

Sin duda, hoy en día necesitamos más líderes como Gandhi, Mandela o Martin Luther King. O al menos, si faltan voces de ese calibre, deberíamos desarrollar con más compromiso los conceptos y prácticas humanitarias que tanto difundieron estas figuras humanistas, para construir sociedades con menos dolientes y más esperanzadoras.  

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