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El domingo 16 de noviembre de 2008, Danubio le ganó a Nacional uno a cero con gol de Jorge García. Luego del pitido final del juez, la barra brava tricolor invadió la cancha de Jardines del Hipódromo, robó una bandera franjeada de la tribuna donde estaban los locatarios y se desató una de las batallas campales más brutales y recordadas de la última década. La televisión mostró en vivo cómo la barra brava de Danubio respondió al asalto con hierros que quitó de la estática de la publicidad, mientras los efectivos de la Guardia Metropolitana esperaban una orden superior para intervenir. La orden llegó, pero tarde. El desastre ya estaba en curso.

Dos semanas más tarde, el martes 2 de diciembre, el Ministerio del Interior, con Daisy Tourné al frente, y la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF), presidida por José Luis Corbo, firmaron un protocolo de seguridad para el fútbol basado en el modelo inglés, que fue ratificado en abril de 2013 por el actual y futuro ministro del Interior, Eduardo Bonomi, y los clubes de la AUF. Sin embargo, a la luz de las idas y vueltas del gobierno en materia de seguridad en el deporte y de los incidentes de cada año, que se repitieron en el último clásico del verano, el domingo pasado, el protocolo luce como una utopía ante la violencia impuesta por las barrabravas.

Este domingo, ante los incidentes, la Policía ni siquiera intervino. Observó cómo desde la tribuna Ámsterdam, hinchas de Peñarol tiraban piedras hacia la cancha.

El protocolo establece que “los clubes deberán designar un coordinador que será el encargado de participar en las acciones de seguridad, en forma conjunta con el coordinador general de la AUF y la Policía”, aunque no especifica si los agentes deben estar en la tribuna o afuera ni cuándo deben intervenir.

La presencia o no de la Policía en las tribunas sigue siendo un dilema sin resolver. “Siempre es una gran discusión si la Policía ingresa o no. A veces el ingreso de la Policía a una tribuna genera un daño mayor del que está sucediendo”, dijo el ministro del Interior interino, Jorge Vázquez, tras los incidentes del domingo.

Ante un protocolo vigente que nadie respeta, cómo prevenir la violencia en el fútbol sigue siendo “siempre (...) una gran discusión” con más piedras que soluciones.

“¿Hasta cuándo vamos a seguir tolerando que unos pocos perjudiquen o enturbien un espectáculo deportivo?”, se preguntó Vázquez. “Hay que tomar las medidas necesarias para que esto no vuelva a suceder”, agregó, sin especificar a qué medidas se refería.

Consultado sobre qué medidas se adoptarán este año para prevenir la violencia en el torneo que comenzará el 14 de febrero, el director de Deporte del Ministerio de Turismo y Deporte, Ernesto Irurueta, que además integra la Comisión honoraria para la prevención, control y erradicación de la violencia en el deporte, dijo ayer que no estaba al tanto de novedades. “Supongo que cuando quede nombrado el equipo que estará al frente de la nueva estructura de Deportes se pondrá a trabajar”, explicó.

El presidente electo Tabaré Vázquez planifica separar la división Deportes del Ministerio de Turismo para que esa área dependa de Presidencia de la República, explicó la actual ministra de Turismo y Deporte, Liliám Kechichián, que seguirá al frente de Turismo en el próximo gobierno.

“Supongo que el próximo gobierno va a retomar las medidas que estaban planteadas y que tratará de ponerlas realmente en funcionamiento”, agregó Irurueta.

Entre las medidas pendientes está la identificación de los hinchas a la hora de comprar la entrada, algo previsto en el protocolo y que aún no se ha ejecutado con eficacia. El director de Deporte considera que “hoy no tiene sentido pedir cédula de identidad si no se relaciona la entrada con un lugar físico en el estadio”.

El protocolo, firmado en 2008, establece como “medidas a mediano plazo” que “todas las personas deberán participar del espectáculo sentadas”, como se hace en el fútbol inglés. “En tal sentido, se numerarán las localidades en los escenarios deportivos a efectos de contribuir con la identificación de las personas según los datos proporcionados por el sistema de venta de entradas”, agrega.

“Las puertas que se destinen al ingreso de público deberán contar con molinetes elevados que puedan registrar los códigos de barra de los boletos que se hubiesen vendido”, estipula el protocolo.

La utopía planteada en 2008 se sigue alejando. La excusa de esta temporada es el cambio de gobierno.

Irurueta advierte que para implementar la identificación en la venta de entradas es necesario además que se ponga en marcha un nuevo sistema de cámaras de vigilancia, que logren el reconocimiento facial de los espectadores. “Hasta no tener armado el paquete de medidas, no tiene sentido pedir cédula de identidad”, expresó.

El director de Deporte aseguró que también “quedó pendiente la instalación de un segundo vallado en las afueras del estadio Centenario”. Por el camino también quedaron otras medidas anunciadas, como la creación de la figura de fiscal deportivo, especializado en violencia en el deporte.

El gobierno del presidente José Mujica no logró encontrar la solución al problema. Pisoteado quedó el protocolo de 2008. Por el camino quedó también la gestión de Sebastián Bauzá al frente de la AUF. La pelota vuelve ahora a la cancha de los hermanos Vázquez, Jorge y Tabaré.

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