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Si la inflación estuviera bajo control los uruguayos no solo gozarían de un mayor poder de compra, los empresarios no solo tendrían un horizonte más despejado para proyectar sus ingresos, sus costos y sus ganancias, sino además, la economía toda estaría más a resguardo de los vaivenes de la coyuntura internacional.

La inflación siempre trae consigo el riesgo de una mayor inflación. La suba de precios en un período implica el aumento de los costos empresariales–salariales y otros– para períodos futuros. Eso alienta a que las empresas reaccionen a la inflación con nuevos aumentos de precios, en un espiral perverso que termina de un único modo: con ajustes dolorosos, que terminan afectando directamente los bolsillos de los trabajadores y la rentabilidad de los empresarios.

Pero además, en el corto plazo, la inflación hace de Uruguay un país más vulnerable a las sorpresas externas. Ante una depreciación de las monedas de los socios comerciales, el margen de maniobra del país viene acotado por su inflación. A una eventual depreciación externa solo se puede responder con una depreciación de la moneda local. Un dólar más alto permite blindar a las exportaciones y al turismo de la pérdida de competitividad, pero eso solo es posible si la evolución de los precios domésticos se encuentra bajo control. En el escenario actual, sería impensable. Un aumento de la cotización del dólar traería aparejada una aceleración de las presiones inflacionarias y el riesgo de superar el 10%. Por eso, ante una mayor depreciación de las monedas más ligadas a la actividad exportadora, Uruguay se vería obligado a una mayor pérdida de competitividad.

Y el escenario competitivo no luce hoy en su mejor momento. La inflación actual se da en un contexto de dólar muy bajo, con niveles de competitividad mínimos al menos en 13 años y donde el precio del dólar ya de por sí está contribuyendo a contener la suba de precios. De hecho, del registro de inflación de 8,9% en 12 meses, solo 1,1 puntos se explican por bienes y servicios que se comercializan con el mercado internacional, cuando en febrero de 2009 explicaban 3,1 puntos. La inflación explicada por los precios externos está en niveles mínimos, con lo cual no puede seguir cargándose en el dólar la responsabilidad de estabilizar los precios. Ante un escenario menos favorable del que esperamos, Uruguay quedaría demasiado expuesto. Ese es el mayor riesgo.

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