Sueño cumplido
One Direction pasó por Montevideo y dejó a su paso 30 mil fanáticos que descargaron toda su energía en un intenso e impresionante espectáculo
El fanatismo por One Direction tuvo su noche estelar el martes, cuando 30 mil jóvenes invadieron el Estadio Centenario y dejaron en manifiesto lo que genera una boyband hoy: un verdadero sentimiento global de fervor y emoción, incrementado exponencialmente con su presencia. Y solo hay dos maneras para poder liberar toda esa explosión de adrenalina: gritando o llorando. Y hubo mucho de ambos.
Asumiendo que esta era una oportunidad única ningún fanático quería perderse nada. Por eso arrastraron a sus padres para que compraran sus entradas el año pasado; faltaron a clases y acamparon desde el domingo; hicieron carteles, banderas y se pintaron las caras; esperaron con ansiedad que se abrieran las puertas y se colaron en las extensísimas filas que desordenadamente intentaban ingresar al predio.
“En nuestra época no pasaba” es un pensamiento que cruza por la mente de algunos adultos cuando se sorprenden por estas manifestaciones de fanatismo. Tal vez sea porque a Uruguay no le tocaba ser parte de un fenómeno de esta magnitud. En los tiempos que corren (por culpa de internet, la globalización o el afán de lucro), Uruguay tiene la suerte de haberse transformado en otro eslabón en la cadena de una gira mundial que causa estragos en cualquier lugar donde toque la banda. Y las directioners supieron aprovecharlo.
La ansiedad que se incrementó durante la larga espera –y que lograba contagiarse incluso a los adultos responsables–, se trasladó hacia dentro del Estadio luego de las 17:30, una hora y media después de lo pautado.
A los adolescentes los recibió un enorme escenario, flanqueado por dos pantallas gigantes, una tercera colocada en el fondo y una larga pasarela que atravesaba las zonas VIP para acercar al quinteto al público.
A partir de allí los horarios se mantuvieron firmes: a la hora 18:30 comenzó Gia Love, que junto a Daniel Anselmi se presentó nuevamente ante un público juvenil tras su experiencia teloneando a Selena Gómez. Una hora después fue el turno de Sonus, que sirvió como buena antesala para los ingleses: si bien no tuvo temas coreados sí se ganaron un mar de gritos.
Entre show y show pasaban videos en las pantallas, pero los anuncios de seguridad narrados por los One Direction y la publicidad de su perfume oficial se ganaban los gritos, incluso pese a repetirse tres veces.
Pasada la hora 20:30 fue el turno del acto principal, que fue inaugurado por una introducción de los chicos recorriendo el mundo con la ayuda de una pantalla verde y efectos especiales. Todo fue recibido por un tsunami de gritos.
Los primeros temas pasaron con rapidez: Midnight Memories, Little Black Dress y Kiss You se sucedieron como una única masa de música, luces y bullicio. Pero pasada la emoción inicial, los gritos dieron lugar a coros, que dieron lugar a más gritos y más llantos en los clímax del show, ya fuera por escuchar su voz, verlos caminar por la pasarela o al hacer algún sugerente paso de baile.
Este fue un verdadero espectáculo, donde ni la banda, ni las luces ni las animaciones que acompañaban en las pantallas, osaban eclipsar el protagonismo del grupo. Incluso se esperó a que los integrantes de la banda se retiraran del escenario para liberar los fuegos artificiales en el final.
Cada integrante tenía su momento para ser el foco de atención y se intercalaban para hablar con el público, introducir canciones y presentar a los músicos que los acompañaban. Algunos derrochaban más carisma que otros o se salían del guión a la hora de interactuar, pero todos cantaron en vivo: ese es el trato tácito que impuso una boyband que no baila y lo que tiene para mostrar –además de sus pintas– es su voz. Sin embargo, poco se pudo evaluar. Los mismos fans se encargaron de eso.
La manera de manifestar su amor era el grito. No el aplauso. De hecho, si sonó algún aplauso perdido fue abrumadoramente sepultado por la exclamación aguda de los directioners. Incluso los mismos cantantes las arengaban. “A la cuenta de tres, griten lo más fuerte que puedan”, exclamó graciosamente Harry Styles. Esa consigna ya de por sí era peligrosa. Cuando parecía que los decibeles no podían subir más, alcanzaban nuevos máximos. Y lo único que restaba era taparse los oídos.
No hubo una canción que se destacara más que otra, porque todas eran celebradas por igual. Los hits que supieron llevarlos a la fama, como Live While We’re Young, What Makes You Beautiful o Best Song Ever eran igual de coreadas como otros tal vez más significativos para los fans: Strong, Story of My Life y en especial Diana –un tema dedicado especialmente a sus directioners.
El martes será recordado por estos jóvenes como el día que finalmente pudieron estar cerca de sus ídolos. Fueron 30 mil sueños cumplidos