Tardía renuncia inevitable
Acorralado, a Raúl Sendic no le quedaba otro camino
Acorralado por el riguroso fallo del tribunal de ética del Frente Amplio, abandonado por casi todos los sectores que intentaron defenderlo y perdido su prestigio personal y político por acumulación de claudicaciones y denuncias penales, a Raúl Sendic no le quedaba otro camino. Su renuncia a la vicepresidencia de la República no asume fuerza legal hasta que la formalice ante la Asamblea General, requisito que no es reemplazado ni por el gesto político de anunciarla en el Plenario – al que precipitó en un mar de confusiones – ni por la rápida aceptación por parte del presidente Tabaré Vázquez.
Pero al margen del procedimiento escogido y de las consecuencias que todo este proceso tenga para la alianza de izquierda, lo primordial es que su dimisión es lo más conveniente para el país. De lo contrario, subsistía la nociva perspectiva institucional de que una figura desacreditada ante la opinión pública y el sistema partidario asumiera la presidencia en casos de viajes al exterior de Vázquez, representara al país en algún evento o siguiera al frente del Senado y la Asamblea General. Su dimisión debió concretarse antes, para evitar una larga agonía que incidió negativamente en la credibilidad de la transparencia y la rectitud que, sin excepciones, deben regir la conducta de todas las personas que ocupan cargos de responsabilidad.
Sendic había iniciado un largo proceso de deteriorada imagen pública meses atrás, cuando El Observador reveló la inexistencia del título de licenciado que utilizó durante años. Se agudizó después con el peso de las minuciosas denuncias de presuntos delitos cometidos durante los años en que presidió el directorio de ANCAP. Fueron presentadas por los cuatro partidos opositores con representación parlamentaria en el fuero penal de la Justicia, ante la cual comparecerá como indagado en octubre y que eventualmente decidirá si es o no culpable de los cargos en su contra. Y precipitó su caída la dura condena emitida por el Tribunal de Conducta Política del Frente Amplio por el uso indebido de las tarjetas corporativas de crédito, supuestamente limitado a gastos relacionados directamente con la función pública pero que utilizó en compras consideradas de tipo personal.
La desaparición de Sendic del escenario gubernamental y político se había tornado inevitable ante el peso combinado de las transgresiones comprobadas y de las denuncias penales en su contra. El caso no termina con su renuncia. No solo está pendiente el pronunciamiento de la Justicia sino que persistirán por buen tiempo los coletazos de una situación que ha avergonzado tanto a su Frente Amplio como al país entero. Pero al menos se ha seguido el curso que correspondía, que deja a todos una lección que no puede eludirse. Tanto el sistema político como la ciudadanía tienen que tomar en cuenta la necesidad de extrema prudencia y cuidado selectivo en la elección de las personas a quienes se le da el voto o que son designadas para cargos dirigentes. Es una necesidad que muchas veces falla, tanto para posiciones electivas como para el nombramiento de jerarcas en los organismos del Estado, como, una vez más y en forma inusualmente resonante y costosa, ha ocurrido con Sendic.