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Templo y política

Los evangélicos ganan espacios en el poder de América Latina: aumentan en número e influencia en la medida en que crece el descontento con los políticos

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01 de septiembre de 2018 a las 05:04

Por Fabiana Culshaw, especial para El Observador

Señora, ¿usted conoce la Palabra del Señor?... La invitamos a pasar al templo”, dicen los evangélicos, correctamente vestidos, de cabello corto y sonrisa amable.
Muchos cines de ciudades latinoamericanas han sido adquiridos por estos grupos religiosos que aprovecharon las grandes salas de espectáculos venidas a menos para adaptarlas a sus necesidades y convocar a sus seguidores. 

También ha aumentado la presencia de los pastores en televisión y radio, desde donde lideran sus congregaciones con mensajes de ánimo para salir adelante en la vida, o hacen referencia a milagros asombrosos a través de emotivos y convincentes sermones.

Nada de esto es nuevo, pero sí es más visible ahora que los movimientos evangélicos han ido creciendo en la esfera política de la región en los últimos años. Hay evangélicos en los congresos, gobernaciones, alcaldías, encabezando listas de partidos políticos, con bancadas propias, como candidatos a la Presidencia de la República. Esto ocurre en los más diversos países de la región, sobre todo en Centroamérica y Brasil.

“Los movimientos y líderes evangelistas encuentran su oportunidad en sistemas políticos partidarios débiles. Cuando los partidos son endebles, los grupos religiosos toman más cuerpo, se expresan con mayor facilidad en la escena política y llegan incluso al Parlamento”, comentó a El Observador Néstor Da Costa, director del Instituto Sociedad y Religión de la Universidad Católica del Uruguay (UCU).


El profesor explica que el auge del evangelismo político apareció como contrapeso a los movimientos feministas y de las minorías sexuales. En un entorno de constantes cambios y plagado de casos de corrupción, mucha gente busca estabilidad dogmática y se siente atraída por preceptos más conservadores, bajo el amparo de nuevas hermandades. 

“Los líderes evangélicos comienzan opinando en contra del aborto y del matrimonio gay y luego, cuando se convierten en actores políticos, nada les impide pronunciarse en cualquier otro aspecto y reforzar su poder”, señaló Da Costa.

19% de los latinoamericanos se definen como evangélicos, según un estudio de Pew Research Center de enero pasado. En 1970, apenas 4% de la población regional era evangélica.

Lo cierto es que el mundo evangélico ha sabido recoger el descontento político-social ante tantas reformas progresistas o liberales que han surgido en la región y avanzan a paso firme fuera de los templos. 

Evangélicos y poder político

De los países latinoamericanos, Guatemala, Brasil, Chile y Colombia parecen ser los que tienen expresiones más claras de evangélicos en el poder político. 
Jimmy Morales, presidente de Guatemala, es evangélico y en distintas oportunidades se ha manifestado contrario al casamiento entre personas del mismo sexo, el aborto y la legalización de la marihuana.

En Brasil, se cuentan 199 diputados y cuatro senadores evangélicos. Los líderes de este movimiento están presentes en todos los partidos políticos de ese país. El Partido Republicano de Brasil, por ejemplo, nació de la Iglesia Universal del Reino de Dios (neopentecostal). Marcelo Crivella, actual alcalde de Río de Janeiro, era obispo de esa Iglesia. 

199 diputados y cuatro senadores del Congreso de Brasil se declaran miembros de iglesias evangélicas que tienen cada vez mayor presencia en los partidos políticos.

Cabe recordar que en julio la Cámara Municipal de Río de Janeiro rechazó dos pedidos de juicio político contra Crivella. Una de las solicitudes de impeachment fue presentada por el diputado Atila Nunes (Movimiento Democrático) por sospechas de que Crivella habría prometido favores y privilegios a la Iglesia Universal del Reino de Dios. 

La expresidenta Dilma Rousseff llegó a tener como aliados a algunos líderes evangélicos (una alianza que comenzó a resquebrajarse cuando la exmandaria se mostró a favor del aborto y la legalización del matrimonio homosexual). Y el vicepresidente durante un período de gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva fue el evangélico Morreu José Alancar. 

En México, el mandatario electo, Andrés Manuel López Obrador, se alió durante su campaña con el Partido Encuentro Social (PES), fuertemente evangélico. 

En Costa Rica, el periodista y cantante de música cristiana Fabricio Alvarado compitió por la Presidencia contra Carlos Alvarado. Aunque perdió en la segunda ronda del pasado 1º de abril, demostró que su partido evangélico Restauración Nacional fue capaz de captar 40% de los votos.

El pastor y abogado Carlos Alberto Baena también suma gente en Colombia. Es cofundador del partido Movimiento Independiente de Renovación Absoluta (MIRA), considerado el brazo político de la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional. 

Baena fue concejal de Bogotá y posteriormente senador. Actualmente ocupa el cargo de viceministro de Relaciones Laborales e Inspección. Se lo conoce como fuerte promotor de los derechos de las minorías étnicas de su país. 

El presidente estadounidense Donald Trump advirtió de posibles actos de violencia de la izquierda contra los líderes religiosos y conservadores en caso de que los republicanos pierdan el control de ambas cámaras del Congreso en las legislativas de noviembre. El mandatario hizo estas declaraciones el lunes pasado en la Casa Blanca ante pastores evangélicos.

Siguiendo con Colombia, los evangélicos –con bancas en el Congreso– contribuyeron con la victoria del No a los acuerdos de paz en el referéndum del año 2016. Su peso fue tan importante que luego se sentaron en una mesa de negociación con el entonces presidente Juan Manuel Santos .

En Chile existen por lo menos tres diputados evangélicos, y en México está el Partido Encuentro Social, integrado fundamentalmente por miembros de esta doctrina religiosa.

En Perú dejó huella el congresista y pastor Julio Rosas, impulsor de la campaña “Con mis hijos no te metas”; fue investigado por supuestamente haber recibido apoyo financiero de organizaciones de extrema derecha estadounidenses que promueven el odio racial.

En Venezuela, el expastor Javier Bertucci sorprendió en el escenario político con su Ruta de la Esperanza. Si bien se sabía que no tenía chance de ganarle a l chavista Nicolás Maduro en las elecciones presidenciales del pasado 20 de mayo, eso no le impidió llamar la atención electoral. 

Bertucci, que es fundador de la asociación El Evangelio Cambia, tiene antecedentes oscuros por haber estado preso en 2010, acusado de contrabandear 5.000 toneladas de combustible a República Dominicana. Su nombre también figura en las investigaciones de Panamá Papers.

Pentecostales

De los grupos evangélicos, los pentecostales están más en la arena política. “Su clave de lectura teológica es que Dios ayuda a las personas a prosperar en esta vida si mantienen un fuerte compromiso con la religión. Hablan de un nacer de nuevo, realizan reuniones masivas, sus prédicas se centran en casos de sanaciones y de prosperidad económica”, explicó Da Costa.

Aunque existen iglesias protestantes y evangélicas con cierta apertura a los grupos étnicos y distintas comunidades, generalmente la predominancia ideológica es muy conservadora. No obstante, paradójicamente, existen evangélicos en partidos de izquierda, como el Movimiento al Socialismo en Bolivia o el Partido de los Trabajadores de Brasil. 

Entre cantos y rezos, suelen tender redes de pequeños templos barriales que atraen a miles de personas, con frecuencia de sectores populares. Muchas veces las adhesiones de los líderes políticos a sus filas son silenciosas.

Da Costa observa que en algunos países es común que los grupos evangélicos se conviertan en partidos políticos en los hechos, aunque no llegan a ser de envergadura. “En el año 2007 fui a Guatemala a un encuentro convocado por la OEA y, en aquel entonces, ese país tenía 47 partidos, el más viejo de los cuales tenía cinco años. Lo curioso es que, cuando perdían las elecciones internas, rompían con ese partido y formaban uno nuevo. Allí no existe una larga tradición de estructuras de participación sostenida”, comentó el experto.
Pronóstico reservado

Es difícil proyectar si este fenómeno de los evangélicos en el poder político continuará en ascenso en América Latina como hasta ahora. Dependerá de cada país, de cada cultura, de cada estructura política. En teoría, si los partidos políticos se refuerzan en lo interno, menos espacios habrá para la intervención de grupos religiosos.

“Es esperable que los países logren que la expresión política no quede rehén de ningún grupo. Cuanta más autonomía tenga el sistema político, más saludable la democracia. Eso no quiere decir que estos grupos religiosos tengan que desaparecer de la escena pública. Al contrario, pueden expresarse públicamente, pero no volverse sustituto de los partidos”, opinó Da Costa. 

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