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-Una de las cosas que tanto impresionan del grupo extremista Estado Islámico (EI) son los videos con los que difunden sus amenazas, asesinatos y mensajes. Sorprenden por su calidad técnica y porque son una muestra de la poderosa estrategia de difusión que está detrás del bloque que avanza por Irak y Siria imponiendo el terror.

Primero llamaron la atención los videos donde se anunciaba la muerte de rehenes del EI: un occidental vestido de naranja daba un mensaje antes de que un hombre vestido de negro y encapuchado agregara algunos conceptos y procediera a la decapitación. El impacto de la muerte en vivo aumentaba con su contexto, pues las imágenes estaban prolijamente filmadas, editadas y hasta subtituladas, como si se tratara de una pieza de un informe.

Luego aparecieron en foros yihadistas dos videos que emulan a los informativos de televisión, con un periodista –esta vez el rehén británico John Cantlie– detrás de un escritorio haciendo anuncios. Ya van dos entregas de esa serie titulada “Préstame tus oídos”.
Si hasta ahí había sorpresa por la capacidad de comunicación audiovisual de los radicales, el estreno de la semana pasada marcó un nuevo hito en la historia de la propaganda de guerra, y no solo del EI sino a nivel histórico. Las llamas de la guerra es un documental de 55 minutos que con excelencia técnica realiza una apología de la yihad.

Tal vez el antecedente más cercano sea El Führer regala una ciudad a los judíos, un documental montado por el régimen nazi cuando la Cruz Roja comenzaba a sospechar de la existencia de los campos de concentración. Los liderados por Joseph Goebbels montaron un relato en torno al ya existente centro de Theresienstadt, al que presentaron como un lugar ideal donde los de origen hebreo vivían felices. Para eso hubo que hacer algunas modificaciones, como repintar los barracones, esconder a los prisioneros menos presentables o guionar todo lo que se debía hacer para que la mentira fuera menos evidente.

Pero en el caso de 2014 hay una diferencia fundamental: no es que se quiera mostrar una cosa que no es para aparentar algo mejor, sino que la misma realidad se difunde como buena y deseable. Es, en definitiva, una auténtica apología de la versión más radical del islam y de la guerra.

Los mejores recursos técnicos
Las llamas de la guerra atraen desde el primer segundo por su sonido envolvente, estéreo y documental. Las primeras escenas cautivan y meten de lleno en la historia, una justificación de la lucha del EI con invitaciones a unirse a la batalla que cuenta con la garantía de ser impulsada por el mismo Alá.

El video podría confundirse con cualquier otro informe que aparece en los canales de cable y aun así se destacaría por lo bien hecho que está. Los planos cercanos cautivan, las escenas de acción engrandecen y los fragmentos más humanos emocionan. Las cámaras están incluso adentro de las trincheras y, junto con el sonido ambiente, trasladan al espectador al mismo campo de batalla, al punto de que el cuerpo siente la onda expansiva cuando disparan desde fusiles a apenas unos centímetros de donde uno está sentado.

Algunas escenas parecen hasta de reality show. Por ejemplo, en un momento un miliciano explica de noche y ante una cámara que lo capta con luz infrarroja cómo va a ser el ataque que realizará su división. Luego la filmadora sigue a los soldados en su gesta, se oscurece cuando caen bombas cerca y encuentra la luz cuando se consolida la victoria. Además de grandiosidad, se llega a percibir cierta admiración por un EI es tan profesional en sus acciones que incluso previó que hubiera un cameraman en pleno frente de batalla para registrar las hazañas. Nunca faltan las tomas más cruentas, con el detalle de los rostros de los muertos o los restos de sangre en el suelo.

En el racconto del génesis y avance de la agrupación se deslizan conceptos básicos del grupo radical: Alá elige a sus combatientes y les garantiza un devenir mejor, los elegidos deben responder a esta misión sublime, los enemigos mienten y por eso deben ser aniquilados, hay que ganarle a la guerra mediática de mentiras impulsada por Estados Unidos, Irán y otros “herejes”.

Las imágenes, además, transmiten de modo subliminal otros tantos conceptos como el poderío militar del grupo, la importancia de la fe o la alegría de los que viven en las ciudades que el EI alcanza para imponer su régimen basado en una interpretación extrema del Corán.

Estrategia general
Los mensajes van en la misma línea de los que transmite Dabiq, otra de las joyas comunicacionales del EI. Se trata de una revista que, también con calidad internacional, está pensada para cautivar al público occidental por el idioma inglés y el diseño gráfico que emplea. El tono general es el mismo y, por ejemplo, en la edición número dos hay un fotorreportaje de la destrucción de una mezquita donde se predicaba una versión diferente del islam.

En este engrandecimiento de los logros bélicos se mencionan también –y con fotos de lo más explícitas– las ejecuciones de prisioneros, las decapitaciones de los apóstatas y hasta las lapidaciones de mujeres. Ni el más insensible queda indiferente ante las fotos de hombres con cara de ira y piedras en su mano, a punto de lanzarlas contra una mujer que cometió adulterio.

La unidad de los mensajes responde a que forman parte de una misma estrategia de difusión que tiene su eje en el Al Hayat Media Center, algo así como el Hollywood del EI. No hay certezas de dónde se encuentra ese lugar creado en mayo de 2014 ni qué instalaciones posee, pero es evidente que allí sobran equipos de calidad y personal formado en comunicación audiovisual capaz de realizar producciones comparables a las estadounidenses.

Tampoco está claro quién es el Goebbels del EI. De acuerdo con el sitio especializado de monitoreo de la yihad, Memri, el responsable de las producciones es Abu Talha Al Almani, antiguo rapero alemán conocido como Deso Dogg, que dejó su país para abrazar la causa extremista.

Con ánimo de reclutar
“En la acción terrorista el lado ‘estético’, en el sentido de que lo estético está íntimamente ligado a la manipulación emocional de las apariencias o representaciones, siempre está presente”, redactó Ignacio Gómez de Liaño, escritor español y profesor de Estética, en la revista Cool-Tura. En un artículo sobre estética y terrorismo, consideró que el principal valor que tiene esa dimensión del arte para fines políticos es que logra suscitar emociones placenteras.

Y los radicales del EI hacen uso de esa herramienta para ampliar su cuerpo. En concreto, destacan los analistas, con sus videos aspiran a llegar a jóvenes occidentales que, desencantados con su mundo, podrían unirse a su batalla.

En el caso del nuevo documental, se exhiben “imágenes románticas cuidadosamente montadas para atraer a los jóvenes desafiliados y alienados”, de acuerdo con el análisis de Ryan Mauro para Clarion Project. Los jóvenes de sexo masculino son especialmente sensibles ante las explosiones, tanques e imágenes con efectos especiales al estilo Matrix.

Lo mismo que los argumentos de fe que se transmiten por tantos canales, los videos son también una herramienta de la que se sirven los extremistas para conseguir afiliados. “Los argumentos teológicos y morales ya no bastan para reclutar simpatizantes (…). Por eso, el fondo del mensaje lo disfrazan con capas de posmodernismo presentando la vida del nuevo fundamentalista islámico como llena de adrenalina, dinero y gloria. Se acabó la impronta de austeridad”, consideró por su parte Maximiliano Javier López, experto argentino que analizó el asunto para Eurasia hoy.

La estrategia mediática da sus resultados. De acuerdo con el datos del Centro Internacional de Estudios de la Radicalización (ICSR, según sus siglas en inglés), se estima que hasta 11 mil extranjeros viajaron en los últimos años a Siria para unirse a la guerra santa que libran allí los contrarios al mandatario Bachar Al Asad. Es decir, se unieron al EI o a otros grupos afines.

Se trata, según expuso la semana pasada ante la ONU el director del ICSR Peter Neumann, de la mayor emigración de combatientes desde la guerra de Afganistán en la década de 1980.

El 70% de esos extranjeros son de países de Medio Oriente. Pero los demás son de EEUU y Europa y el asunto es especial fuente de preocupación para los países occidentales, que temen que sus ciudadanos emigren cegados por la guerra santa, allí se radicalicen, adquieran nuevas técnicas y luego regresen a su país de origen con ánimo de realizar atentados.

La semana pasada en el marco de la Asamblea General de la ONU el Consejo de Seguridad adoptó una resolución para prohibir que los ciudadanos de los países miembros se alisten en causas terroristas. Barack Obama, principal impulsor de la medida, instó a los gobiernos a que la adoptan cuanto antes, adapten las leyes y tipifiquen como delitos graves las actividades relacionadas con el terrorismo.

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