TLC ideológico
La idea de plantearle a EEUU un Tratado de Libre Comercio irrumpió en la campaña
La sigla TLC se escuchó en estos días en la campaña electoral y de inmediato fue aplaudida por algunos, a otros les rechinó, para otros no es el momento de hablar de eso, y en todo caso despertó un debate ideológico que parecer estar en el trasfondo de la discusión.
Firmar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos –país que para algunos sectores de izquierda es el enemigo– fue planteado ahora en un nuevo escenario político.
Es año electoral; el presidente José Mujica tiene agendada una reunión en Washington con Barack Obama; el precandidato Pedro Bordaberry le envió una carta pidiendo que recorra ese camino para abrir mercados; y por primera vez, una embajadora estadounidense expresó públicamente que si el tema es planteado, su gobierno está dispuesto a considerarlo.
A nivel empresarial, sector que se había resignado a no contar con esa herramienta y que prácticamente dejó de hablar del tema en los almuerzos de la Cámara Uruguay-EEUU, la propuesta renovó sus expectativas.
Dese 1991, Uruguay evaluó distintas alternativas de política comercial tomando su participación en el Mercosur como marco de referencia y como factor condicionante. También influyó la liberalización comercial de EEUU hacia los países de América Latina, escribió Roberto Porzecanski en su libro “No voy en Tren, Uruguay y las Perspectivas de un TLC con Estados Unidos 2000-2010”.
La investigación recuerda que dos presidentes, como Jorge Batlle y Tabaré Vázquez, de distintos signo político y con escenarios distintos, fueron los que más avanzaron, aunque no pudieron concretar su idea de firmar un TLC con EEUU.
El politólogo Adolfo Garcé, que escribió el prólogo de ese libro, dijo que “no es nada sencillo determinar si es conveniente o no para Uruguay firmar un TLC con Estados Unidos. Desde luego, había buenos argumentos a favor para firmarlo.
Pero también había muy sólidos argumentos en contra”. Según Porzecanski, no fue un debate entre episteme y doxa, entre la Verdad revelada y la opinión vulgar, entre científicos e ideólogos, entre modernos y sesentistas. Fue un debate entre ideologías, o dicho en otros términos, entre creencias acerca de cuál es la inserción internacional que más le conviene al país.
Batlle (2000-2005) vio que las diferencias en el Mercosur y la exposición a crisis de Argentina y Brasil hacían viable pensar en acercarse a EEUU pero llegado el momento no lo planteó. Vázquez propuso el mismo camino y fue vencido por la resistencia del Frente Amplio y de los socios del Mercosur que le advirtieron que no tolerarían un TLC de Uruguay en solitario con EEUU .
A nivel político, el que movió esta vez fue Pedro Bordaberry, precandidato por el Partido Colorado. El senador le envió el lunes una nota a Mujica expresándole su apoyo “personal y político” por el viaje que emprenderá a la Casa Blanca.
“Me permito expresarle que entiendo de vital importancia para el futuro de nuestro país la profundización de los lazos comerciales y de cooperación científica, tecnológica y educativa con los Estados Unidos de América” le escribió Bordaberry a Mujica. También le “sugirió” que inicie negociaciones para un TLC igual que el firmado con México.
Tras esa propuesta, la embajadora Julissa Reynoso expresó la disposición de su gobierno de analizarlo, si se lo proponen. Hasta ahora, la diplomática había comentado que con el actual acuerdo comercial (TIFA), hay camino para recorrer.
Esta vez fue Mujica el que puso el freno. Rechazó un TLC con EEUU y dijo que “la prioridad” es el acuerdo comercial que el Mercosur negocia con Europa.
Impactos
Los que miran con otro cristal son los empresarios.
Alvaro Queijo, presidente de la Unión de Exportadores del Uruguay, dijo ayer a El Observador que “todo lo que signifique abrir puertas al comercio es bienvenido”. “El TLC es una puerta más, ya sea con EEUU, con Japón o con Rusia, no importa el color de la bandera, sino que se mejoren las chances para comercializar”. De todos modos, comentó que “un TLC por sí sólo, lo mismo pasa con el Mercosur, no es mágico y no asegura nada, pero es el principio de un trabajo. Parte de la clave está también en mejorar la competitividad del país” afirmó el representante de los exportadores.
La economista Gabriela Mordecki, coordinadora del área de análisis macroeconómico del Instituto de Economía de la Universidad de la República, recordó que los estudios hechos en 2006, cuando se planteó firmar un TLC, no arrojaron ventajas claras para Uruguay. “Dejando de lado el factor ideológico que está detrás de la discusión política, en lo técnico las ventajas posibles no compensaban los factores negativos”, opinó. Algunos sectores saldrían favorecidos y otros no, dijo Mordecki a El Observador.
Un informe de la Cámara de Industrias sostuvo que un TLC con EEUU tendría un efecto positivo en la captación de inversiones y para sectores como la carne, lácteos, textil, vitivinicultura, curtiembre, pesca y madera. El impacto negativo estaría por el lado de las compras gubernamentales y la propiedad intelectual que afectaría a los laboratorios nacionales.
Rafael Sanguinetti, directivo de los industriales, dijo a El Observador que, sin dejar de considerar las ventajas de un TIFA, sería mejor tener un TLC.