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Dicen que ante una situación complicada se puede intentar ver el vaso medio lleno o medio vacío. Si se aplica este razonamiento al problema de las trabas argentinas a las importaciones uruguayas en el sector de la vestimenta y textil, queda en evidencia que el mes de mayo ha sido positivo en cuanto a la liberalización de licencias. De acuerdo a la Cámara de la Vestimenta, 67 fueron destrabadas, equivalentes a unos US$ 3 millones, en lo que representa una tendencia ascendente en la aceptación de licencias en relación con los anteriores meses del año.

Sin embargo, también hay suficientes argumentos para ver el vaso medio vacío: todavía restan liberar 65 licencias, que representan un total de US$ 4,9 millones, y cuyo atraso promedio es de 150 días. Algunas incluso superan los 200 días, es decir, hay demoras de casi siete meses en una industria altamente dependiente de la venta por temporada. De acuerdo a la reglamentación de la Organización Mundial de Comercio (OMC), las licencias no deberían superar los 60 días.

A esto se suma las recientes cancelaciones de dos pedidos de ropa de invierno confeccionada y pronta para enviar a Argentina (una de las operaciones afectadas fue de 4.000 abrigos de la textil Tomix por un valor de US$ 380 mil), situación que perfila con convertirse en un grave problema a futuro para la industria. Además, las medidas anunciadas hace meses para compensar el sector siguen sin reglamentarse.

Las empresas de sweaters Urulan e Hipertex pueden sentirse afortunadas porque pudieron liberar su mercadería de forma reciente. Sin embargo, la proyección del negocio resulta poco alentadora.

“Las trabas de Argentina nos han hecho perder 30% de nuestras ventas y para el verano de 2013 no tenemos ningún pedido porque los directores de las empresas están diciendo de comprar en Argentina, ya que no quieren correr el riesgo”, señaló Germán Victora, gerente de Urulan, empresa que tiene ocho trabajadores en seguro de paro y calcula que perdió unos US$ 200.000. “Siempre va a haber una tranca, porque si no es la licencia es la declaración jurada. Cuando uno embarca para verano en setiembre, nuestros clientes en Argentina consiguen liberar la prenda en diciembre, cuando ya pasó la temporada”, indicó.

Mario Wolff, de la textil Hipertex, quien tampoco tiene ya licencias trabadas, sostuvo que, sin embargo, hay empresarios argentinos que indicaron que les van a comprar la mitad de lo que venían adquiriendo para pasar a abastecerse en el mercado interno. La empresa cuenta en la actualidad con 50% de su plantilla en seguro de paro (unas 100 personas).

El diputado nacionalista Álvaro Delgado, integrante de la comisión de Industria, Energía y Minería de la Cámara de Representantes, señaló que en marzo había 1.000 personas del sector en el seguro de desempleo, pero que ahora hay unas 2.000.

Por otro lado, la ley de la vestimenta, aprobada a fines del año pasado y que prevé un subsidio de US$ 27 millones para el sector, recién este mes fue reglamentada para quedar aplicable. “No se entiende” por qué pasó esto con una ley “votada por unanimidad en ambas cámaras y que se promocionó tanto”, señaló Elbio Fuscaldo, presidente de la Cámara de la Vestimenta. Calificó, además, de “marketing político” hablar de ese monto porque este es a siete años y solo incidiría en la industria un 2%.

A su vez, el paquete de 14 medidas paliativas anunciadas a mediados de marzo para las industrias afectadas por las trabas argentinas (créditos blandos, mayor devolución de impuestos a exportación y flexibilización del seguro de paro parcial, entre otras), afirmó Fuscaldo, no están todas implementadas y son insuficientes “porque buscar nuevos mercados depende de la competitividad y no de otro tipo de ayudas puntuales”. Distintos empresarios del sector dijeron no haber recibido todavía ningún tipo de apoyo.

Un cuento chino
Para Delgado la situación con Argentina vino para quedarse y agravarse. “Quizá es el momento de cambiar la estrategia”, indicó, y señaló el desbalance en el comercio entre ambos países. El año pasado, Uruguay exportó al país vecino US$ 588 millones. Argentina le vendió a Uruguay US$ 1.821 millones. Lo que implica un déficit comercial de tres a uno, de US$ 1.233 millones.

El legislador propone utilizar el 10% de los US$ 111 millones del Fondo para el Desarrollo (Fondes), que se creó a partir de las utilidades del Banco República, para redireccionar importaciones de empresas argentino-dependientes y absorber las pérdidas de productos que no se vendieron. “Venezuela es un país que compra y a muy buenos precios, el problema es que a veces se dificulta el cobro. Se podría hacer un planteamiento para que el fondo Bolívar-Artigas, que es donde Uruguay deposita el pago por petróleo, funcione como garantía de cobro”, sostuvo. Aunque el planteo del Fondes sea lógico, dice Fuscaldo, es difícil que “prospere” porque surge de la oposición.

Por otro lado, la mayoría de los empresarios consultados no ven factible el hecho de redireccionar las importaciones a otros países extra Mercosur por la falta de competitividad derivada del bajo precio del dólar. La difícil competencia con las prendas chinas también se traslada al mercado interno, donde entran, según los empresarios, sin ningún tipo de control tanto de la calidad de sus procesos productivos como de las condiciones laborales. A esto se suma el problema de la alta informalidad del sector, la cual Fuscaldo estima que ronda 58%.

José Ferreira, productor textil de la ciudad de Libertad, destacó que su empresa está siendo seriamente afectada por la entrada de prendas chinas, ya que hasta las marcas más reconocidas de Uruguay traen indumentaria del país asiático.

Sin embargo, es optimista con que se puede competir con China con productos de buena calidad, aunque habría que hacer un recambio de maquinaria porque se está trabajando con máquinas de la década de 1970, que desperdician una tercera parte del material, y para cuya reparación hay un solo técnico en Uruguay.

El tema China también es una piedra en el zapato de los empresarios uruguayos en cuanto a las trabas argentinas, ya que en el país vecino entran los productos chinos mientras se traban los uruguayos. “China hace ya tiempo que dejó de comprarle aceite de soja a Argentina. Seguramente los argentinos aprendieron la lección de que no hay almuerzos gratis, al menos con China y Brasil”, indicó Fuscaldo.

Futuro incierto
De acuerdo al informe mensual de la Unión de Exportadores del Uruguay, las ventas a Argentina disminuyeron 17,2% en el mes de mayo con respecto al mismo período del año anterior. Aunque en el caso de Brasil se notificó un incremento de 14,2%, también hay empresas textiles cuyos productos están trabados por el proteccionismo de este país.

Así lo notifica un miembro de la cámara de empresarios de ropa de cama, mesa y baño (Cameba), quienes meses atrás sufrieron trabas de Brasil para las frazadas de pelo largo y ahora repiten el problema con las de tela polar. “Lo paradójico es que si se importa el tejido de polar a Brasil no paga dumping, solo (lo hace) la frazada hecha de origen uruguayo”, indicó. Las empresas nucleadas en la cámara tienen 50% de su plantilla en seguro de paro y afrontaron pérdidas millonarias, sostuvo el empresario.

El panorama a futuro se revela incierto, aunque, para muchos, la priorización de las importaciones y la primarización de las exportaciones no llevarán a un buen camino. “Hace 12 años éramos más de 40 textiles y hoy quedamos ocho. Si se sigue esta política económica, el futuro va a ser importar prendas y que no haya más obreros textiles. La señal del gobierno es que el sector no le interesa. Decimos que tenemos la mejor lana y hay que traerla importada, mientras vienen los chinos y se llevan toda la lana sucia de acá. Vamos a pasar a ser un país latinoamericano que exporta materia prima y no mano de obra”, indicó Victora.

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