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Trastornos alimenticios en adolescentes, un problema presente

También surgen algunos casos en escolares, pero no es tan común

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28 de julio de 2017 a las 05:00

Dejar de comer en familia, estar más retraídos, adelgazar, cambio en el color de las manos, volverse más irritables, tener problemas de concentración, demostrar comportamientos obsesivos, tener un intenso miedo a engordar y aislarse de su entorno cercano, son algunas de las señales que indican que un adolescente está sufriendo un trastorno alimenticio.

Jimena Cubría, psicóloga clínica del área de Trastorno de Conducta Alimentaria del Centro Aconcagua, explicó a Padres Hoy que la franja etaria más vulnerable para sufrir anorexia o bulimia es de los 14 a los 17 años y es más común en mujeres. Si bien son varios los casos que se presentan en Uruguay, no existen estadísticas ni cifras sobre el tema.

A su vez, la experta enumeró varios factores que contribuyen a que el adolescente comience con este problema. Por un lado, los antecedentes familiares, es decir, si lo padecieron en generaciones anteriores. Otra razón, se relaciona con que hayan sufrido bullying en la escuela por tener problemas de obesidad o sobrepeso. Por último, influye lo social y cultural: el ideal del cuerpo. "Son muy exigentes con ellas mismas. Creen que el día que lleguen al peso van a ser felices. Hay un enganche entre lo que les ofrece el medio y la modalidad propia".

La importancia por la delgadez y el deseo de la "perfección" femenina comienza a notarse en edades aún más tempranas. En el último tiempo, en Argentina se vieron algunos casos –aunque no muchos- de niñas de 9 años. Juana Poulisis, psiquiatra argentina y autora del libro Los nuevos trastornos alimentarios, indicó a Padres Hoy que se está observando una mayor conciencia de lo que significa la imagen corporal por parte de los más pequeños. Un hecho que hace 10 o 20 años no sucedía.

Esto va de la mano con "la erotización de los niños, se visten con ropas más parecidas a los adolescentes, se ponen prendas más ajustadas".

Asimismo, Poulisis opinó que también influye la tendencia adulta a tener una vida más saludable y apuntar a la estética y a la delgadez. Ellos no dejan de ser modelos para los niños. Es importante cuidarse físicamente, pero debe hacerse con control.

Por su parte, Cubría sostuvo que en Uruguay los casos a tan temprana edad son minoritarios. Es decir, "no se ve mucho una anorexia propiamente dicha, sino propulsores muy fuertes". Cualquier indicio de trastornos de alimentación pueden devenir en un conflicto específico y más grave a futuro. Sin embargo, la presidenta del Comité de Nutrición de la Sociedad Uruguaya de Pediatría (SUP), Cecilia Pacchioti, dijo a Padres Hoy que la anorexia y la bulimia en escolares aumentaron en el último tiempo. En suma, agregó que está de moda el vegetarianismo por parte de pequeños. "Comen más saludable para enmascarar al otro".

De igual forma, la psiquiatra argentina describió que existe una nueva problemática llamada Arfied, que refiere a la restricción de alimentarse. Es decir, son niños que tienen una obsesión con no comer. No es por miedo a engordar, sino temor a lo que la comida les puede hacer, como ahogarse o atragantarse con el bocado.

Si bien es un asunto que siempre se vio, recién hoy tiene un término que lo define. "Mucha gente no tiene ni idea y mal diagnostica como anorexia".

A su vez, puede verse tanto en niños como en adultos. Y es muy común en los varones.

Si bien no existe una fórmula para prevenir estos hechos, Pacchioti expresó que es fundamental que los padres estén presentes y puedan compartir momentos de la infancia y de la adolescencia. "No hay una receta para prevenirlo. A veces cuando te das cuenta hace tiempo que está haciéndolo".

La rehabilitación es en base a, por un lado, cambiar la dieta e ir incorporando todos los alimentos. Y por el otro, trabajar la regulación emocional, según Poulosis. Por su parte, la psicóloga clínica de Aconcagua sostuvo que lleva mucho tiempo que una persona restablezca una dieta saludable, recupere el peso mínimo, y además supere la parte emocional que lo condujo a ello.

Si bien la mayoría de las veces la reparación es completa, Pacchioti detalló que en casos agudos se observan algunas secuelas como anemia, no desarrollo completo del cerebro, masa ósea alterada, y problemas en la piel y en el pelo.

Más allá de que la recuperación sea con éxito, son personas que tienen mayor vulnerabilidad y pueden llegar a reincidir.

Según Pacchioti "es como una adicción. Mejoran pero siempre hay que estar atentos a que no haya recaídas".
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