Tres décadas de salud
Con 270.000 socios y unos 900 empleados, Semm está cumpliendo 30 años. Vidal, uno de sus fundadores, habla acerca de cómo logró posicionarse en el mercado y de las exigencias cada vez mayores de los pacientes
El test vocacional que realizó antes de terminar el liceo le recomendó que tenía que dedicarse a “algo relacionado con las ciencias humanas”. Sin antecedentes de médicos en la familia, Jorge Vidal se volcó a estudiar medicina y se especializó como pediatra y neonatólogo. Luego de trabajar en varias mutualistas, se reunió con otros médicos con una idea pionera: formar una empresa dedicada a la salud pero como dueños. Fue en 1983 que decidió aceptar el desafío de unirse a ese grupo de 40 médicos que tenían un sueño. Todavía estaba la dictadura y sin vinculaciones el grupo tuvo que esperar dos años la autorización para comenzar a trabajar. El Semm nació para ocupar un nicho que no estaba atendido: una emergencia que no solo se dedicara a problemas cardíacos, sino que tratara todos los cuadros de adultos y niños. Vidal es hoy director del Grupo Semm que nuclea a otras empresas como Medicina Personalizada, Sanatorio Mautone y Cosem, y cuenta con 270 mil socios.
En los comienzos, ¿cómo lograron hacerse un lugar en el mercado?
Lo primero que se aceptó muy bien fue que atendiéramos a niños. Porque hay situaciones como madres primerizas o niños asmáticos, donde a veces no se puede determinar cuál es la gravedad del cuadro: tener una consulta telefónica o poder enviarles a un médico es vital. Además, las mutualistas no tenían un servicio tan rápido. La otra innovación que se recibió muy bien fue contar con un consultorio abierto las 24 horas porque a veces cuando el cuadro no era tan grave el paciente tenía que ir a la mutualista, pagar un tique y esperar, y muchas veces el valor del tique era igual que la cuota del Semm. Tampoco era usual que al paciente se le diera una hoja escrita con el diagnóstico y los pasos a seguir.
¿Qué dificultades encontraron?
Los dos primeros años fueron muy duros porque no había un hábito de asociarse y pagar una cuota; además estaban las repercusiones de la devaluación del 82. Hasta el 90 que logramos estabilizarnos fueron años de mucho trabajo. Ahora somos casi 1.000 personas: 500 funcionarios y 400 médicos.
¿Cómo mutó el paciente en estos 30 años?
Como todo cliente, el paciente es cada vez más exigente y quiere que lo atiendan en el menor tiempo posible. No tolera demoras, sobre todo en los picos de gripes. Además, se fija mucho si el precio está acorde al servicio que se le está brindando.
¿Cómo impactó en Semm la implementación del Fonasa?
Bajamos la cantidad de socios. La gente que en su momento no podía pagar una mutualista tenía una emergencia, pero con el nuevo plan pudo acceder a una cobertura médica y entonces se desafilió.
¿Cuánto pesan los avances tecnológicos en la medicina?
Justamente estamos implementando el uso de tabletas para registrar las visitas de forma electrónica. Los aparatos tienen una pequeña impresora adherida que permite dejarle al paciente las anotaciones en papel. De esta forma, evitamos la ilegibilidad y que se traspapelen los registros de cada visita.
¿Cuáles son las horas pico donde reciben más llamados?
Son dos: bien temprano antes de que la gente entre a trabajar y cuando sale. Cuando hay partido de Uruguay baja la cantidad de llamadas y vuelve a su flujo normal cuando termina.
De un tiempo a esta parte los socios de Cosemm deben pagar una cuota extra para hacer uso del Semm, ¿cuál es la razón?
El 90% de los socios de Cosem son por Fonasa y a partir del año pasado el derecho a emergencia tuvimos que financiarlo con los pagos de los socios, por eso deben pagar $103 más aparte de la cuota. El problema es que la cuota del Fonasa cada vez te exige más pero el dinero es menos entonces ya no podemos prestar este servicio de forma gratuita.