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Por una razón o por otra, los esfuerzos del presidente estadounidense Donald Trump por dejar atrás las sospechas que se ciernen sobre su figura respecto a la denominada trama rusa, por la supuesta injerencia de funcionarios de ese país en las elecciones presidenciales de 2016, no terminan de prosperar.

Luego que el viernes pasado diera por válidas las explicaciones dadas por el presidente ruso, Vladímir Putin –quien negó cualquier intervención de funcionaios de su gobierno en la elección–, en el cónclave que ambos mantuvieron durante la cumbre del G20 en Hamburgo, Alemania, nuevos nubarrones volvieron a ensombrecer a principios de esta semana la imagen del presidente.

El hijo

Ahora, el New York Times informó que uno de los hijos de Trump, Donald Jr, se reunió con una abogada a la que se le reconocen vínculos con el Kremlin.

Y lo hizo en la Torre Trump de Nueva York, el 9 julio de 2016, en el preciso momento en el político republicano estaba embarcado en plena campaña para llegar a la Casa Blanca.

De acuerdo a una versión publicada por el diario The New York Times, el hijo mayor del presidente mantuvo una reunión con la abogada Natalia Veselnitskaya, en la que además estuvo acompañado por su cuñado Jared Kushner –que hoy es uno de los principales asesores de Trump– y Paul Manafort, que en aquel momento era jefe de la campaña electoral. Ambos son investigados por sus vínculos con Rusia.

De acuerdo con la versión periodística, la abogada manejaba información sobre distintas personas que tenían conexión con Rusia, y que además de financiar al comité del Partido Demócrata también apoyaban a exsecretaria de Estado y entonces candidata demócrata, Hillary Clinton.

La versión del Times indicaba que el hijo de Trump fue al encuentro con la intención de obtener información que pudiese dañar la imagen de Clinton.

De ser cierta la versión del Times, la colusión de la que se acusa a Trump quedaría a un paso de ser demostrada.

Por eso, tras la publicación de la noticia, Trump Jr. intentó atenuar la veracidad de la versión y dijo que en realidad habló con la abogada sobre un plan que hubiera permitido a parejas estadounidenses adoptar niños rusos y Putin dejó sin efecto.

En la misma línea, y para tratar de bajar los decibeles al asunto, el vocero de la Presidencia rusa, Dimitri Peskov, dijo desconocer a la abogada. El Kremlin no puede "estar al tanto de las reuniones que celebran todos los abogados rusos dentro y fuera del país", agregó.

Trump no sabía sobre la reunión, según indicó su equipo de abogados.

No obstante, la senadora republicana Susan Collins dijo que el hijo del presidente debe ser interrogado por el Comité de Inteligencia del Senado, al igual que los otros participantes de la reunión.

La trama rusa no deja en paz a Trump, al extremo de que tanto comisiones del Senado como el fiscal especial, Robert Mueller, investigan los nexos del entorno del presidente con Rusia.

Distintos indicios, surgidos de las agencias de inteligencia estadounidenses, dieron cuenta del vínculo entre el entorno de Trump y funcionarios o empresas de Rusia.

El exdirector del FBI, James Comey, al que Trump cesó, declaró en junio pasado en el Congreso sobre este asunto y sugirió entonces que el presidente lo había presionado para que dejara de lado una investigación sobre el ex asesor de seguridad nacional, Michael Flynn, y sus eventuales vínculos con los rusos, que evitó mencionar.

Flynn dimitió menos de un mes después de haber sido designado en enero.

Un presidente que quedó aislado en el G20

En su primera cumbre del G20, el presidente estadounidense Donald Trump pareció sin sintonía con los aliados tradicionales de su país, mientras insistía para demostrar que sus estrategias poco ortodoxas hacia China y Rusia pueden dar resultados.

En un momento de la cumbre celebrada viernes y sábado en la ciudad alemana de Hamburgo, el primer ministro canadiense Justin Trudeau y la canciller alemana Angela Merkel fueron vistos intercambiando una mirada de complicidad mientras la de Trump cambiaba de dirección.

Lo que iba a ser una disertación sobre el papel de las mujeres en el mundo de los negocios, se convirtió en un monólogo sobre los méritos de su hija mayor Ivanka –quien lo acompañó al evento– y sus fallas como padre.

A pocos metros de él, las sonrisas nerviosas de Merkel y Trudeau reflejaron la confusión reinante entre sus pares sobre la manera de entender al septuagenario millonario, novato en política.

En Varsovia, en la primera escala de su viaje de cuatro días a Europa, Trump intentó reafirmar sus ambiciones de dirigir el mundo libre. También se acercó a sus aliados al confirmar su apoyo a la cláusula de defensa mutua de la OTAN, satisfaciendo los pedidos de aclarar su posición respecto a la alianza atlántica.

Como un rey montado solo delante de su caballería, Trump cargó contra el terrorismo y la burocracia, a los que definió como amenazas contra la civilización cristiana.

Asimismo, pintó la imagen de un Occidente enfrentado a desafíos existenciales.

"La cuestión fundamental de nuestra época es si Occidente tiene la voluntad de sobrevivir", apuntó.

"El gran riesgo", según Thomas Wright, de la Brookings Institution, es que las observaciones de Trump "comienzan a dividir a Europa entre viejo y nuevo, o entre aquellos a los no les agrada su mensaje y aquellos que sí".

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