Aunque las autoridades de la enseñanza lo anunciaron como el ADN de la educación, a sus recientes exposiciones conjuntas les faltó la precisión detallada que caracteriza a ese estudio clínico. Abundaron, en cambio, expresiones de deseo y metas inciertas en el actual descalabro de esa área en el sector público. Incluso la directora del Consejo de Primaria, Irupé Buzzetti, admitió que “no vamos bien”. Pero nadie especificó cómo se logrará ir mejor, camino que depende de reformas que siguen hibernando en un limbo de indecisiones y de falta de autoridad ejecutiva.

En el estrado compartido por la ministra de Educación y Cultura, María Julia Muñoz, el presidente del Consejo Directivo Central, Wilson Netto, y los directores de los consejos de los diferentes niveles se plantearon los objetivos de que todos los niños y adolescentes de entre 3 y 17 años estudien, de que aprendan a hablar, escribir y razonar mejor, de bajar el alto porcentaje de deserciones y de crear más liceos de tiempo completo. No hubo, sin embargo, el compromiso necesario para implementar los cambios que desempantanen la enseñanza estatal.

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Incluyen modernizar los programas de estudio, dar mayor autonomía operativa a los centros educativos, mejorar la formación de docentes, imponer un control independiente de resultados, asignar profesores de tiempo completo y ampliar la exigua implementación actual del Plan Promejora, que incluso ahora se plantea eliminar. Tampoco se evaluó el proyecto del presidente Tabaré Vázquez de unificar Primaria y Secundaria, pese a ser una buena idea para evitar las dificultades que enfrentan los estudiantes en el actual paso abrupto de un ciclo al otro.

Muñoz anunció, en cambio, un tercer Congreso Nacional de Educación, de eficacia tan incierta como los dos anteriores ya que congregaría masivamente a los mismos sectores que convirtieron los cónclaves de 2006 y 2013 en circos de propuestas inviables e inconvenientes y de debates ideológicos. Incluso reputados académicos serios se retiraron del que se realizó hace dos años al percibir sus desviaciones de lo pertinente. Muñoz dijo que el tercer congreso se empezará a delinear el 15 de octubre para que se reúna el año próximo. Pero en otra evidencia de los desencuentros que afectan al sistema, Netto, su máxima autoridad, dijo ignorar las fechas señaladas por la ministra.

Es posible que las omisiones en el incompleto ADN anunciado por las autoridades hayan obedecido al deseo de no irritar más a los levantiscos sindicatos de docentes y a los sectores estudiantiles que los respaldan en sus exigencias, en medio de la pavorosa conflictividad de los últimos meses en torno al Presupuesto y de los disturbios que desataron, con la complicidad activa de grupos extremistas. Pero al margen de la incidencia que pueda haber tenido la explosiva situación actual en las aguadas exposiciones de las autoridades de la educación, poco se avanzará mientras no abandonen la pasividad con que vienen actuando desde hace años.

Antes que un nuevo congreso masivo, abierto a cuanta organización quiera participar, lo que se necesita es ejercicio de autoridad, con asesoría de técnicos confiables, para poner en vigencia reformas efectivas. Fueron acordadas hace cinco años por el expresidente José Mujica con todo el sistema político pero naufragaron cuando las autoridades bajaron mansamente la cabeza ante la rebelión docente.

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