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Qué es el fútbol si no buscar, una y otra vez, hasta que las piernas dicen basta? ¿De qué se trata ese deporte universal sino la rebeldía para pasarse 120 minutos buscando por cada vía disponible? ¿Qué es la pelota si no la inspiración de los genios, esos que pueden aparecer poco, pero cuando aparecen hacen la diferencia?.

Argentina no gusta, es cierto. Pero quiere. Tiene intenciones. Puebla la cancha rival. Manda a correr a un lateral como Rojo, que todos discutían y que se cansó de tapar bocas. Manda a un Di María que corrió le equivalente a 225 canchas de fútbol, más o menos. Que paso de la banda izquierda a la derecha, y también buscó fútbol por el centro. Tiene un alma en el mediocampo, donde Mascherano juega de 5, baja a jugar de 2, se revuelca como 8 y si es necesario, también se pondría los guantes y atajaría. Y además de todo eso tiene a un Messi que es líder. Que no grita, pero la busca siempre –y hasta se pelea con los rivales, como ayer-. Aún marcado por cuatro tipos durante 90 minutos, escalonándose hasta enloquecerlo, sigue buscando.

No, Argentina no jugó bien. Suiza le propuso un enorme cerrojo, parecido al que Argelia le metió a Alemania, aunque ni cerca del mismo poder de contraataque, por más que tuvo tres o cuatro chances a lo largo del partido que le hubiesen dado una injusta ventaja.

Argentina intentó ser prolijo. También intentó buscar por las puntas, mandando centros, tocando por adentro. Y durante 117 minutos ganó la destrucción. Nunca encontró los circuitos necesarios, como sí lo había hecho Alemania 24 horas antes ante un cerrojo defensivo. Fue una especie de versión en baja calidad de aquella batalla de Porto Alegre.

Pero los dirigidos por Sabella nunca dejan de querer. Y ese es el principal activo que puede temer un equipo en una copa del mundo. Aún la albiceleste, que bajo la sombra de Maradona, y con el mejor del planeta en cancha, siempre se le exige calidad del fútbol, como demostraban ayer decenas de periodistas deportivos que veían el triunfo casi casi como una derrota y se preocupaban por lo que vendrá.

No pudo en los 90’. Y en el alargue sufrió, porque se fue tirándo hacia atrás por instinto de preservación , lo que motivó que Suiza tuviera algunas chances. Hasta que, cuando ya todos pensaban en los penales, apareció Messi. Corrió, apiló dos rivales, creó el espacio y dejó solo a Di María, que definió suave al palo derecho. Pareció muy simple, pero fue increíblemente complicado.

Argentina llegó a cuartos sin jugar bien. Pero también se encontró rivales que pensaron en destruirlo, siempre. Debería haber encontrado los argumentos, porque tiene en la cancha a algunos de los mejores jugadores de la tierra. Pero en esos cerrojos forjó su personalidad, y se llenó de líderes. Ideal como para que ahora, a la hora señalada, aparezca por fin la magia.
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