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La selección francesa fue, históricamente, un combinado donde las mezcolanzas geográficas estuvieron bien representadas por jugadores destacados de África; en ese mapa se destaca la historia de Rio Mavuba, hijo de padre congoleño y madre angoleña que nació en aguas internacionales escapando de la guerra civil que vivía Angola hace 30 años.

El actual volante del Lille francés es un hijo del fenómeno multicultural africano que vive en Francia desde el siglo pasado. Su padre, Mafuila Mavuba Ku Mbundu, se destacó como jugador en la misma posición de campo que su hijo durante la Copa del Mundo de Alemania 1974, pero defendiendo a Los Leopardos de Zaire.

Además ganó la Liga de Campeones africana en 1973 con el Vita Club de Kinshasa y la Copa de África de Naciones en 1974 con Zaire. Una vez retirado se mudó a Angola donde formó su familia hasta el estallido de la guerra civil. Mavuba padre le inculcó a su hijo el amor por el deporte, aunque no pudo verlo debutar ya que falleció a los 47 años, cuando Rio tenía 13.

"Pienso que el fútbol está en mis genes, que juego como mi padre. Tengo unos recuerdos vagos de cuando veía el fútbol con él en la tele", afirmó Rio a la agencia francesa de noticias antes de emprender viaje hacia Brasil para disputar la Copa del Mundo de Brasil.

Su madre, una angoleña llamada Therese, dio a luz a Mavuba en un buque pesquero que cruzaba las aguas internacionales que separan Francia del continente africano, mientras la familia huía en busca de un futuro pacífico en el país europeo.

Sin embargo, fue Suzanne, la segunda esposa del padre quien crío a Mavuba ante la desaparición física de su madre, fallecida mientras daba a luz a una de los once hermanos de Mavuba cuando él tenía dos años.

Lo curioso de Mavuba es que, al nacer en aguas internacionales, fue un apátrida hasta que cumplió 20 años, ya que no tenía ninguna nacionalidad, solo un certificado de nacimiento que decía “nacido en el mar”.

Por ese entonces, Mavuba había dejado atrás una vida de sacrificio y limosnas para comer. Ya era un jugador juvenil con un futuro prometedor en Burdeos y llegó a participar de una reunión de jugadores con la selección de su padre, ahora denominada República Demócratica del Congo, luego de la caída del dictador Mobutu Sese Seko en 1997, quien había modificado el nombre de la nación a Zaire durante su mandato.

Sin embargo, la selección francesa sub 21 se mostró rápida de reflejos y le otorgó una nacionalidad francesa para poder contar con Mavuba en el torneo Esperanzas de Toulón de 2004. Los estrategas galos no se equivocaron. Ese chico, apátrida unos meses atrás, deslumbró con su despliegue y órden táctico para consolidarse como mejor jugador del certamen.

Con esos antecedentes, el entrenador de la selección mayor por ese entonces, Raymond Doménech, lo llamó para debutar con la selección mayor en un amistoso ante Bosnia en 2004.

Tal fue su buen rendimiento que se convirtió en un jugador de rol habitual para la selección de Francia, aunque la posibilidad de tener minutos en una Copa del Mundo le llegó en esta edición.

Mavuba se hace cargo de la vida económica de sus once hermanos, ya que algunos no tienen la nacionalidad francesa y se les hace difícil acceder a puestos de trabajos donde logren una superación económica.

Dueño de una gran conciencia social, Mavuba fundó una residencia para niños huérfanos en Kinshasa, la capital de Congo, donde viven gracias a las donaciones del jugador más de 30 niños en esa condición.

Pese a las dificultades, Mavuba se destaca por cordialidad y educación ante la prensa y los fanáticos de su club, lo que le valió el premio “Naranja” de la revista France Football, que premia al futbolista más amable de la temporada.

En este plantel Mavuba tiene buena competencia en la medular gala, tras la aparición de jugadores de renombre y rendimiento como Moussa Sissoko, Blaise Matuidi, Paul Pogba, Mathieu Valbuena y Yohan Cabaye por lo que, en la fase de grupos, solo tuvo acción en la victoria ante Honduras por 3-0.

Sin embargo, la felicidad del volante fue total, ya que en Francia se celebraba el día del padre, una jornada con una connotación especial para un futbolista surgido entre el exilio bélico y la miseria de los inmigrantes.

El próximo reto de Mavuba será defender a su selección hoy ante Alemania en una tierra donde se habla portugués, el mismo idioma que hablaba la mujer que le dio la vida a bordo de un buque y lo abandonó a los dos años para regalarle un hermano.

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