En las condiciones actuales, un déficit fiscal de 2,8% del PIB no representa una amenaza inmediata. No quiere decir que el gobierno descarriló las cuentas públicas ni que un ajuste doloroso esté, obligatoriamente, a la vuelta de la esquina. Nada de eso. Con una economía todavía creciendo y las tasas de interés internacionales por el suelo, financiar US$ 1.353 millones en un año no es gran problema para un gobierno que goza de buena reputación a nivel global. Es posible vivir con un rojo de tres puntos, pero eso no quiere decir que sea oportuno. La magnitud del déficit actual obliga a Uruguay a dar marcha atrás en la sana política de reducir el nivel de endeudamiento y con él, la vulnerabilidad frente a un agravamiento del contexto internacional.
Un desvío fiscal que puede terminar en tragedia
La magnitud del déficit actual obliga a Uruguay a dar marcha atrás en la sana política de reducir el nivel de endeudamiento