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La historia puede ser común a muchos adolescentes o ex adolescentes: un muchacho de 13 años en pleno transcurrir de esa etapa de la vida, lo lleva mal: sus compañeros se burlan de distintos aspectos de su personalidad (su voz, primero que nada) y, típico de esos años, se aprovechan de la inferioridad numérica y física a la que está expuesto.


El niño, que hasta compra un polvo mágico para “fortalecerse”, se encuentra además con la proximidad de su Bar Mitzva y el regreso a la casa familiar de su hermano, un chico autista de 17 años, que vuelve al hogar a la fuerza porque el hospicio donde estaba va a ser demolido.

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