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Es verdad que este Jorge Larrañaga al que le ha tocado fungir como candidato a la vicepresidencia de Luis Lacalle Pou no es el mismo que aquel que, no hace mucho tiempo atrás, embestía sin contemplaciones contra Tabaré Vázquez o contra cualquier otro frenteamplista que se le pusiera enfrente.

Ahora, muy de tanto en tanto, dispara alguna crítica hacia sus adversarios pero si se le aplicara una “nube de palabras” a sus discursos, las más destacables serían “paz”, “unidad”, “acuerdo”, “diálogo”. ¿Jorge Larrañaga ya no es aquél? ¿se amansó para acompañar la campaña “por la positiva” de Lacalle Pou? ¿Decidió protagonizar un segundo plano más segundo aún que el que le marca su candidatura?

La respuesta es sí. Pero esa actitud requiere de algunas explicaciones un poco más profundas que el de un aparente desgano devenido de la derrota en las internas del 1° de junio.

“No es lo mismo ser candidato en la interna, no es lo mismo ser candidato a presidente, y no es lo mismo ser candidato a la vicepresidencia. Las obligaciones no son las mismas”, respondió Larrañaga a El Observador cuando lo consultó sobre esos cambios.

Allegados al líder de Alianza Nacional explicaron que el rol que le tocará cumplir a Larrañaga en caso de que las elecciones las gane el Partido Nacional requiere de un permanente cuidado previo en las cosas que dice sobre sus adversarios políticos.

Si no hay mayorías parlamentarias, es al presidente del Senado al que le tocará zurcir los acuerdos con sus colegas para conseguir los votos que se necesitarán para aprobar los proyectos de ley que llegarán desde el Poder Ejecutivo.

Y Larrañaga tiene mejor relación con el Frente Amplio, y acaso con el Partido Colorado, que Lacalle Pou.

El dirigente blanco mantuvo un diálogo muy estrecho con el presidente José Mujica y con los legisladores del oficialismo y, a fuerza de diálogo, logró que la izquierda modificara algunas de las leyes que quería aprobar intocadas.

Por el momento, la eventual tarea futura lo obliga a morderse la lengua. “Ustedes saben que yo no soy de andarme callando lo que pienso. Pero se requiere más coraje y valentía para dialogar que para la pelea”, dijo Larrañaga el jueves durante una gira por Rocha.

Lacalle Pou ha señalado que el trabajo que le espera a Larrañaga, si ganan los blancos, es fundamental. “La tarea de Jorge no va a ser changa porque venimos de años de mayoría parlamentaria”, asumió el candidato presidencial.

Por ahora, durante las giras por el interior Larrañaga cumple un rol parecido al de un maestro de ceremonias: le pide silencio a la audiencia, realiza una introducción breve y le da paso “al futuro presidente de la República”.

En el trato personal público es difícil encontrar algún gesto de molestia entre Lacalle Pou y Larrañaga: se abrazan, se hacen bromas, se elogian, se palmean. O sea, el líder wilsonista le está aportando “buena onda” a la fórmula presidencial y lo que tenía para achacarle a Lacalle Pou lo dejó estampado en el programa de gobierno común en donde logró colar parte de sus propuestas.

Acerca de su estrategia actual de paz y concordia para con sus adversarios, recién después de octubre se sabrá si puede aplicarla como presidente de un Parlamento en donde las mayorías absolutas corren el riesgo de ser un recuerdo.

Temas:

Decisión 2014

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