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Desde la óptica del sector industrial la gestión del gobierno viene de más a menos.
En lo económico, se comenzó manteniendo los lineamientos anteriores, pero luego comenzaron a desdibujarse los objetivos y también a socavar algunas bases del modelo que venía imperando, que estaba basado en un abultado superávit fiscal primario, en la disminución del peso de la deuda, en la implementación de medidas tendientes a atemperar la caída del tipo de cambio real, en un importante flujo de inversión pública en infraestructura, y en la introducción de reformas estructurales para favorecer la inversión. En casi todos estos aspectos los resultados se vienen deteriorando sistemáticamente.

Quizá lo que más lo demuestra es la desmejora del resultado fiscal en pleno auge económico. Tenemos un presidente austero pero que lidera un gobierno gastador, por encima de las posibilidades de nuestro país. Se está cometiendo un error macroeconómico que lo paga toda la sociedad, y principalmente los sectores que producimos bienes que compiten internacionalmente.

Otro elemento que caracterizó estos tres primeros años es el mantenimiento de la política en materia de relaciones laborales. Hago referencia particularmente a los resultados que emanan de las negociaciones colectivas en materia de aumentos salariales, que, por ejemplo, no recogieron que el sector industrial fue muy vapuleado por la crisis de 2008, por las trabas argentinas y por la pérdida de competitividad producto de la fuerte caída del tipo de cambio.

Tampoco se introducen innovaciones tendientes a reconocer las diferencias de tamaño de las empresas o facilitar la renegociación ante circunstancias adversas.

En igual sentido, siguen sin incorporarse a nuestra legislación las recomendaciones emanadas de la OIT en materia de la regulación de las relaciones laborales, que lesionan derechos de los empleadores y de los propios trabajadores.

En relación con la política exterior, el gobierno tuvo el acierto de destrabar el conflicto con Argentina en materia del corte del puente binacional, pero no logró diseñar una estrategia adecuada de inserción internacional. Para Uruguay es muy difícil conciliar sus intereses con los de los países vecinos, pero si no está claro el rumbo, se hace mucho más trabajoso lograr mejoras de acceso para los productos nacionales, tanto a escala regional como en el resto del mundo.

En materia ambiental estamos muy conformes. En ese sentido, destaco especialmente el trabajo que venimos realizando con el gobierno, tanto en materia de gestión de envases como en lo vinculado al nuevo sitio de disposición final de residuos industriales, que estamos comenzando a construir este año. Se trata de proyectos muy importantes para el desarrollo sostenible de nuestro país.

También se han notado avances en el área energética, permitiendo que los privados gestionen proyectos de generación de energía, principalmente de fuentes renovables.
Por último, no puedo dejar de mencionar el hecho de que los avances en materia educativa son muy magros. Para la industria, la calificación de la mano de obra es, junto a la inversión en nuevas tecnologías, la principal fuente de mejora de la productividad y del aumento de la competitividad. En el largo plazo nuestra gente debe alcanzar mayores niveles de calificación. Difícilmente podamos dar un salto hacia un mayor potencial de desarrollo industrial si ello no se logra.
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