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Se había generado una expectativa inusitada por el festejo conmemorativo de la declaratoria de la independencia de Uruguay, realizado ayer en la embajada uruguaya en Buenos Aires. Habitualmente un acto más de la tradicional nómina de recepciones que solo involucran a personal del cuerpo diplomático, la de ayer era una reunión especial, porque se realizaba en el marco de una escalada de tensión diplomática entre Uruguay y Argentina.

De manera que, con ese condimento extra, todos los analistas de las relaciones internacionales estaban atentos a los detalles que pudieran ser interpretados políticamente. Vale decir, las presencias y las ausencias.

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Y en ese lenguaje de los diplomáticos, hecho de sutilezas, códigos y señas, la concurrencia al acto dejó un saldo que la embajada uruguaya consideró ampliamente positivo. A juzgar por la presencia de políticos oficialistas, opositores y empresarios, todos los sectores en Argentina están interesados en que los problemas bilaterales encuentren una rápida solución.

“Estoy impresionado. Nunca habíamos tenido semejante convocatoria”, comentaba exultante el embajador Guillermo Pomi, anfitrión en la residencia ubicada sobre la avenida Figueroa Alcorta, en uno de los barrios más exclusivos de Buenos Aires.

Recién llegado desde Montevideo, donde se había reunido con el presidente José Mujica y el canciller Luis Almagro para analizar la marcha de la agenda bilateral, Pomi estaba particularmente contento por el hecho de que hubiese estado presente Carlos Zannini, el influyente secretario legal y técnico de la Presidencia argentina.

Zannini tiene, en el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, un poder que excede ampliamente el de su cargo, y muchos lo consideran la verdadera mano derecha de la presidenta.

Quien no estuvo presente fue el canciller Héctor Timerman, algo que no causó sorpresa, luego de las irónicas críticas que recibió en los últimos días desde Uruguay en el sentido de que el diplomático nunca recibiría “un premio internacional a la prudencia”, como dijo el prosecretario Diego Cánepa. Pero sí se hizo presente el vicecanciller, Eduardo Zuain.

Y, más allá de las presencias diplomáticas, llamó la atención la asistencia de figuras importantes del kirchnerismo como por ejemplo la de Milagro Sala, la controvertida líder del Movimiento Túpac Amaru, quien llegó especialmente desde Jujuy. Entre los legisladores, se vio a los diputados Carlos Kunkel y Héctor Recalde, así como al senador Daniel Filmus, todos del entorno de máxima confianza de la presidenta.

En cuanto a las figuras opositoras, se descontaba su presencia. En las últimas situaciones conflictivas de la relación bilateral, la oposición política ha adoptado en general posturas críticas a la del gobierno argentino. Al punto, por ejemplo, de que dos diputados opositores radicaron una denuncia judicial por el caso de presunta corrupción en la licitación por el dragado del Río de la Plata.

Hablando con los diplomáticos uruguayos se vio al jefe del bloque de diputados de la Unión Cívica Radical, Ricardo Gil Lavedra. También se hizo presente el legislador y empresario Francisco de Narváez, uno de los principales referentes del peronismo opositor. Y, como representante de las filas del gobernador bonaerense Daniel Scioli, estuvo Santiago Montoya, presidente del Banco Provincia, segunda mayor entidad financiera del país.

Entre los empresarios, destacaron algunos de los de mayor presencia mediática en contra del gobierno kirchnerista, como Hugo Biolcatti, presidente de la Sociedad Rural Argentina; Cristiano Rattazzi, titular de Fiat; Daniel Hadad, líder del multimedios Infobae, y Eduardo Escasany, principal accionista del Banco Galicia.

Entre la multitud, Pomi se dedicó a oficiar de anfitrión y se abstuvo de mantener conversaciones de índole político. Tal vez por el hecho de que las trabas comerciales, el dragado del canal Martín García y las dificultades de los turistas puntaesteños no iban demasiado a tono con un evento donde, por encima de las figuras políticas, predominaron ampliamente los representantes de la cultura y el mundo del espectáculo.

El actor Osvaldo Laport, el modelo Iván de Pineda, el locutor radial y escritor Alejandro Dolina, el legendario humorista Luis Landriscina y el historiador Mario “Pacho” O’Donnell (que se encaramó al sitial de best seller con su recientemente publicada biografía sobre Artigas) fueron solo algunos de los que se acercaron para amenizar la reunión y recordar la fortaleza de los lazos entre ambas naciones.

La agenda bilateral se retoma hoy, con los mismos problemas por resolver, pero tal vez con menos tensión en el ambiente.

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