Las últimas clausuras y cierres de espacios culturales han contribuido en hacer aún más escueto el circuito de escenarios que la ciudad tiene para ofrecer. La pérdida de estos espacios y la falta de políticas culturales que incentiven y promuevan escenarios impactan directamente sobre el desarrollo del sector musical, de los artistas, de los oficios que forman parte de la industria y del derecho de todas las personas que transitan por Montevideo a acceder a la cultura.
Esto -casi como todas las cosas- impacta principalmente sobre los jóvenes, ejercicio corriente de nuestra gerontocracia, que intenta calmar y callar todas las expresiones. Claro que hay que considerar el derecho a descansar que tienen las personas que viven cerca de los boliches. Pero también es necesario contemplar el derecho al encuentro, al esparcimiento, al disfrute y a la cultura de todas las personas. Y tenemos que entender que todas y todos somos habitantes de una ciudad, una ciudad que merece construir convivencia: entre mujeres y varones de todas las edades, entre las y los que viven de Avenida Italia para el sur y para el norte, entre el ruido y el silencio, entre la ciudad que descansa y la que tiene ganas de salir de noche.
Montevideo merece tener circuitos culturales que la hagan disfrutable, para las y los que la habitan todos los días y para las y los que la visitan. La existencia de espacios capaces de contener espectáculos musicales es fundamental para el fortalecimiento de la escena local, la promoción de la cultura y la ciudadanía cultural.
Quienes firmamos esta carta alentamos a la revisión de las normas que regulan los espacios nocturnos y a la construcción de nuevas políticas públicas, que apunten al florecimiento de escenarios y espacios -tanto públicos como privados- que promuevan la cultura, donde se pueda tocar en vivo, donde se pueda bailar, donde nos podamos encontrar. Alentamos profundamente la construcción de marcos normativos que promuevan la convivencia y aún más alentamos la coherencia entre el discurso político que promueve la cultura y las normas que la limitan.