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Una bala perdida que vuelve a poner en duda la habilidad de los policías para disparar

Fiscalía tiene como principal hipótesis que la bala que mató a Rosa Rodríguez partió del arma del efectivo policial

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08 de agosto de 2018 a las 05:00

Es muy probable que la bala perdida que este sábado mató a la enfermera Rosa Rodríguez en el barrio Los Bulevares haya partido de la pistola de un policía que perseguía a una delincuente en esa zona. El hecho expone el cuidado que deben tener los efectivos en el manejo de armas cada vez que deben enfrentarse a una situación de emergencia no solo para cuidar su vida como la de los demás.

El protocolo que aplica para los policías es el mismo que rige para cualquier ciudadano –que incluye la legítima defensa, la necesidad y el cumplimiento del deber–, más la ley de procedimiento policial de 2008.

El artículo 22 de esa ley establece que "el uso de armas de fuego es una medida extrema" a la que no debe recurrirse en ningún caso salvo que el agresor "ofrezca resistencia armada al accionar policial o ponga en peligro la integridad física o la vida del personal policial actuante o de terceros". Y eso no es todo, porque el uniformado debe tener presente que tampoco puede disparar si existe la posibilidad de reducir al delincuente "utilizando medios no letales".

Aunque estaba de civil, porque no cumplía servicio en ese momento, el policía que evaluó que la situación justificaba que utilizara su Glock de 9 milímetros, el arma del reglamento policial, para disparar contra dos delincuentes que asaltaban un puesto de verduras en la esquina de Ideario Artiguista y Zanja Reyuna.

Disparó tres veces, según él mismo declaró ante el fiscal del caso, Juan Gómez, y quedó probado en las pericias que se efectuaron en el revólver.

En medio del fuego cruzado entre los delincuentes y el efectivo policial es que Rosa Rodríguez, una enfermera que esperaba en la parada de ómnibus de esa esquina para ir a trabajar, recibió el disparo en la cabeza que la mató.

Los investigadores intentan determinar si el proyectil letal salió del arma del efectivo policial o de uno de los delincuentes. Sin embargo, según dijeron fuentes del caso a El Observador, la primera es la hipótesis "más probable".

El policía está emplazado desde el fin de semana, y declaró al fiscal que él disparó en una dirección distinta a la ubicación de la víctima, por lo que según su versión la bala que mató a Rodríguez salió de un arma de los asaltantes, que continúan prófugos.

La última vez que murió una persona ajena a un tiroteo entre la Policía y delincuentes en Uruguay fue el 19 de marzo: una funcionaria disparó contra un delincuente que se escapaba trepando la fachada de una casa ubicada en la calle Gestido, en Pocitos, pero el tiro no dio en su blanco sino en la pierna de Julio César de Medeiros, un turista brasileño de 53 años que no sobrevivió al desangrado y murió poco tiempo después.

La policía, con problemas de salud y desentrenada –su abogado Víctor Della Valle dijo que hacía tres años que no entrenaba tiro en un polígono– fue formalizada en la Justicia por un delito de homicidio ultraintencional, y aunque no espera el proceso en prisión preventiva, fue sancionada: se le quitó el arma y pasó a desempeñar tareas administrativas. Gómez dijo a El Observador que continúa recabando pruebas y testimonios por este caso.
Para todos las situaciones en que un policía saca su arma para emplearla, hay un principio universal que se enseña en todos los cursos prácticos de la Policía: si se decide disparar, debe prestarse atención al fondo del objetivo de modo de no herir a nadie inocente si se falla. Pero en la práctica, dijeron fuentes policiales consultadas, eso es algo muy difícil de lograr, dada la "tensión" que conlleva todo enfrentamiento armado. Y es más complejo aún si los disparos ocurren durante el atardecer y en la noche, tal como sucedió en los dos episodios.

Proyecto de ley

En 2016 el senador nacionalista Luis Lacalle Pou presentó un proyecto de ley que aún no tuvo tratamiento parlamentario, y que procura extender las garantías y potestades de los efectivos cuando usan sus armas.

La iniciativa busca instalar la legítima defensa presunta, pero los gremios policiales exigen más cambios aún. Para el Sindicato Único de Policías, por ejemplo, se trata de una modificación que no traería cambios sustantivos a los efectivos si no se introducen modificaciones legislativas más importantes.


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