ver más

El domingo 1º de junio el candidato del Frente Amplio, Tabaré Vázquez, intentó dar un giro a su campaña electoral –que desde ese momento se enfoca a las nacionales de octubre– con su planteo de concretas de gobierno. Fue una especie de plan acotado que repasaba distintos temas de agenda, como su ambicioso sistema de cuidados. Semanas después, cuando el mundial de fútbol dio un respiro, el candidato colorado Pedro Bordaberry , sobre todo en el área de la seguridad. Mientras tanto el Partido Nacional discutía su , ya que las dos corrientes tienen distintos enfoques en asuntos clave.

Pero las semanas pasaron y a tres meses de los comicios ninguno pudo imponer su tema. En la campaña se habla de todo y no se habla de nada. Un poco de educación, un poco de seguridad. Otro poco de economía, inflación o déficit fiscal. De la edad de imputabilidad, asentamientos, y corrupción. Sin embargo nada acapara la atención.

A juicio de algunos analistas esa falta de temas de debate en la discusión proselitista responde a que cada partido tiene intereses diferentes. Lo que le conviene hablar a uno, no le es redituable al otro. Y en esa dinámica se dedica espacio a los agravios, acusaciones y salidas de tono, incluso por parte de dirigentes poco acostumbrados a ponerse el cuchillo entre los dientes en la arena política.

Ni el empleo, ni la economía. A los uruguayos, según las encuestas de opinión pública, les preocupa la seguridad, en primer lugar, y la educación en segundo término. Ese interés se mantuvo y creció en proporción desde 2010. Según la medición de la empresa Cifra divulgada en diciembre de 2013, 60% de los consultados en 2010 mencionaron que la seguridad era su principal preocupación, en tanto que 13% mencionó la educación. La proporción de los dos temas creció tres años después: a 73% dijo que le inquieta la seguridad, y 37% la educación. De todos modos ninguno de los dos temas logra meterse en el debate diario, de forma consistente.

Tal es la falta de temas de debate, que incluso los candidatos discuten sobre la existencia o falta de programas de gobierno. Discuten sobre los temas de discusión.

Guante sin recoger
Para el docente de ciencia política Jaime Yaffé, la falta de un hilo conductor en la discusión de campaña se explica, en parte, porque ninguno de los candidatos logró imponer su tema. Nadie de los que compite por la Presidencia, hasta ahora, logró marcar la agenda. “Una de las cosas importantes de la campaña electoral es marcar los temas de discusión. Cada uno trata de colocar el tema que más le conviene discutir, pero necesita del otro. Necesita que el rival recoja el guante, y eso no ha pasado”, comentó el experto a El Observador. Según entiende Yaffé, el FA “no quiere” discutir sobre seguridad porque “no le conviene”. Por ello enfila sus baterías a otros temas. A su vez, Vázquez insiste con asuntos que no estimulan un debate en la oposición, o por lo menos que no marcan la agenda, como por ejemplo el sistema de cuidados.

El doctor en ciencia política Adolfo Garcé cree, por su parte, que también influye la similitud de propuestas. “No hay una confrontación entre modelos de país distintos”, dijo a El Observador. “Hay mucha convergencia tanto en el plano de los diagnósticos como en el de las soluciones. Las plataformas de los partidos tienden a parecerse. Hay pocas diferencias en el plano de los paradigmas de políticas (los grandes modelos orientadores de las políticas públicas)”, agregó. Admitió, de todos modos, que la cuestión de “cómo manejar” la seguridad, y sobre todo la discusión sobre la edad de imputabilidad penal, sea una de las “pocas controversias” instaladas en la campaña. “Los demás debates o son sobre instrumentos, sobre el uso de los instrumentos, o sobre si son realistas o no las metas propuestas por los distintos candidatos en cada asunto. Debe ser por eso que el debate parece menos interesante”, aseguró.

A fines de junio, en un desayuno organizado por la Cámara de Comercio Española, la politóloga Rosario Queirolo planteó que el desafío de los partidos para llegar al gobierno está en “demostrar capacidades”. Como el Frente Amplio supo manejar la economía con éxito en dos períodos de gobierno, ahora debería convencer que es capaz de solucionar problemas en seguridad y educación, comentó la experta. El desafío para blancos y colorados es al revés: transmitir que pueden continuar con el manejo adecuado de los números, y también otros temas como políticas sociales. Por lo tanto, a juicio de Queirolo, si los ciudadanos votan pensando con el bolsillo, “claramente” debería ganar el partido de gobierno la elección de octubre. En cambio para la “otra agenda”, integrada por los temas que más preocupan a los uruguayos, los partidos de la oposición cargan sus baterías con más insistencia.
Seguí leyendo