El impacto electoral de la izquierda no frenteamplista por ahora es nulo. Pero en los últimos meses se han transformado en protagonistas de peso con apariciones en varios planos: el sindical, el político y en acciones radicales en la calle.
El impacto electoral de la izquierda no frenteamplista por ahora es nulo. Pero en los últimos meses se han transformado en protagonistas de peso con apariciones en varios planos: el sindical, el político y en acciones radicales en la calle.
Como integrantes de la misma familia ideológica, muchas veces le hacen más daño al Frente Amplio (FA) que los rivales de los partidos blancos y colorados. Pegan por el tema de los Derechos Humanos, presuntos abusos policiales y critican por izquierda lo que entienden son las falencias de dos administraciones. Y al gobierno le cuesta mucho más responderle a quienes fueron sus compañeros ideológicos y políticos.
Es verdad que entre los radicales no todos piensan igual. Hace algunos años se mostraron muy divididos, al punto que el 1° de mayo de 2010 hubo dos actos diferentes, además del oficial del PIT-CNT. Tras el fracaso electoral un año anterior de Asamblea Popular, hubo una fractura. Pero en los últimos meses las diferencias con el gobierno los volvieron a unir. A la administración de José Mujica le han pegado por varios lados. Hay sindicatos dominados por dirigentes no frenteamplistas como el de los municipales capitalinos (Adeom), los estatales de la administración central (COFE), los profesores de liceo de Montevideo (ADES) y de UTU (Afutu), así como el sindicato de ASSE. Son los que han hecho más ruido y pusieron a Mujica en la incómoda situación de tener que decretarles la esencialidad.
A principio de año los radicales tuvieron como objetivo a la Justicia, tras la declaración de inconstitucionalidad a la ley interpretativa de la Caducidad primero, y luego por el traslado de la jueza penal Mariana Mota.
En las últimas semanas el enemigo fue el ministro del Interior, Eduardo Bonomi, a quien acusaron de reprimirlos.
Por todo eso, en el gobierno ayer analizaban con preocupación el pedido de procesamiento que el fiscal Gustavo Zubía realizó de siete activistas radicales. Al llevarlos a los juzgados tendrán un escenario y una causa para amplificar sus críticas. Tal vez por eso Jorge Zabalza dijo a Subrayado que el pedido de procesamiento lo hace sentir “orgulloso”.