Una dura postal montevideana
Hay esquinas en las que el servicio de la IMM retiró a indigentes hasta 25 veces en 90 días
En un campamento de cartones construido en los alrededores del Club de Golf quedaron tres mantas colgadas entre los arbustos. En el puente Sarmiento alguien dejó un jean en buen estado y varios buzos, algunos de lana, entreverados con bandejas con restos de comida y revistas. Las pertenencias abandonadas, aún en días fríos, se encuentran en decenas de esquinas de Montevideo donde alguien, o quizás una familia entera, durmió allí la noche anterior.
Los policías interceden si surge alguna manifestación de violencia, en particular, por consecuencia del consumo de drogas o alcohol, una situación que perciben cada vez con mayor frecuencia entre jóvenes en situación de calle. “Son casi zombis… si algunos ya no son zombis”, lamentó Cuello. El coordinador informó que nunca recibieron agresiones físicas, pero los insultos y las amenazas (incluso con cuchillos) son el pan de cada día.
El mapa de la indigencia
El equipo tuvo que enfrentarse a situaciones particulares: un posible foco de dengue en Ferrer Serra y Defensa en un baldío lleno de cubiertas abandonadas; una familia que vivía dentro de un auto en la calle Fray de Ubeda; la desocupación de Plaza Mateo ocupada por cuatro familias; y el desalojo en cinco oportunidades de un grupo con posible intoxicación por ingesta de medicamentos vencidos instalado en los alrededores de la policlínica Irma Gentile (Luis Alberto de Herrera y Altamirano).
Incluso, es frecuente que se encuentren en el lugar pipas para fumar pasta base, cuchillos, mochilas y objetos robados, muchas veces escondidos.
El puente Sarmiento es uno de los puntos más visitados por el equipo: 25 veces en 90 días.
El Centro Comunal Zonal Nº 1 en el viejo Mercado Central (Ciudad Vieja) y la plaza en sus alrededores son los puntos más visitados: 61 veces en tres meses; prácticamente, día por medio. El entorno les ofrece a los indigentes cobijo de los fríos y las lluvias; a la vez que los comercios de la zona les proporcionan distintos insumos.
El Museo Oceanográfico de la rambla del Buceo es el segundo de la lista. Allí se actuó 33 veces. Es un lugar elegido, particularmente, para resguardarse de la lluvia. La mayoría de las personas que pernoctan ahí acumulan muchas pertenencias ya que las venden en las ferias. Misma cantidad se registró en la puerta de entrada del Ministerio de Desarrollo Social (Mides) debido a que muchos indigentes esperan allí para asegurarse un cupo en los refugios nocturnos, o se quedan durmiendo cuando se les niega el ingreso.
El dique Mauá, Ejido y la rambla, y Fernández Crespo y Colonia son desalojados, en promedio, cada tres días. Enseguida se rearman los campamentos. El de la última esquina es el hogar de 10 hombres jóvenes con consumo problemático de drogas.
Cuello contó a El Observador que “siempre” que van a realizar la limpieza del lugar ocurren situaciones de violencia. “En repetidas oportunidades tuvimos que llamar a Radio Patrulla por intento de agresiones físicas; incluso llegaron a romper a pedradas comercios de la zona intentando lastimarnos”, relató.
Colonia es una de las calles de Montevideo más ocupadas por indigentes por su cercanía con 18 de Julio. El equipo ha intervenido 152 veces en tres meses en prácticamente todas sus esquinas: desde 8 de Octubre a Andes. Colonia y Paraguay fue atendido 22 veces.
Respecto a plazas, Ingavi (detrás de canal 5), Varela (Pocitos), España (Ciudad Vieja) y De la Restauración (Unión) son las más críticas de Montevideo con aproximadamente 30 intervenciones en el período. La del barrio de la Unión es la más compleja. Un día se llegó a constatar 19 personas en situación de calle, la mayoría con códigos carcelarios.
“Siempre reaccionan mal ante nuestro trabajo”, afirmó el técnico. Allí también habitan personas que son dadas de alta del hospital Pasteur y que no tienen adonde ir.
Solidaridad con límites
La disponibilidad de comida, vestimenta y colchones la ofrece el mismo vecindario, el que, al mismo tiempo, no los quiere en sus plazas. La “red”, como calificó Cuello, es lo que los retiene en una zona y por la que rechazan la ida a un refugio o pensión.
“Se está acreditando que esa persona viva en ese lugar. Está bien que seamos solidarios, pero hay que ser solidario con límites”, apuntó.
Un ejemplo típico es aquel indigente al que un vecino le paga por cuidar su casa. El indigente no se quiere ir para no perder el dinero, explicó Cuello. En los hechos, oficia de sereno, pero a un costo mucho menor de lo que supondría uno contratado, relató.
Algo similar pasaba con Beba, una mujer que había hecho un rancho en la Plaza de la Bandera, y hasta recibía visitas a la hora del té. O con Don Ramón, quien tenía hasta muebles debajo de una palmera de bulevar Artigas y Colorado. A pesar de las muestras de solidaridad y compasión de los vecinos, no había nadie que le ofreciera una solución permanente.
“La ocupación de los espacios públicos no está permitida. Tienen que liberarlos para que sean compartidos por todos. Si quiere compartir la plaza, puede estar, lo que no puede estar es haciendo un campamento”
Jorge Cuello
Coordinador departamental de emergencias